Benjamín Harguindey
24/11/2016 17:21

Ópera prima de Javier Zevallos y Francisco D´Eufemia, Fuga de la Patagonia (2016) es una película de aventuras en el “viejo sur” patagónico, usando libremente la figura del explorador Francisco P. Moreno y fantaseando sobre las peripecias de su escape en 1879 del territorio mapuche, acusado de ser un espía para el gobierno.

Fuga de la Patagonia

(2016)

El film funciona como el épico desenlace de una historia que la película no cuenta, salvo por unos carteles que establecen algo de contexto al principio de todo. Moreno (Pablo Ragoni) y dos colegas huyen de los toldos, secuestran una balsa y navegan río abajo en dirección a un fortín, lejano bastión de civilización. La estructura es episódica: se van cruzando con gente que les ayuda o les antagoniza, y situaciones que solventan sus predicamentos o los empeoran.

Fuga de la Patagonia claramente está inspirada en películas de expediciones alucinógenas como la seminal Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972) y Jauja (2014), aunque sea estéticamente. El film de Javier Zevallos y Francisco D´Eufemia cuenta una historia mucho más clásica, empezando por el trío de personajes, el cual está sacado directamente de la literatura aventurera sobre “continentes perdidos” a lo Poe, Verne y Ryder Haggard. Tenemos al hombre académico, gentil y curioso; el hombre de armas tomar, siempre escéptico y listo para la acción, y el tercero que suele ser algún tipo de sirviente o guía local.

La película captura la esencia básica de este tipo de historias, y como ejercicio de género resulta muy entretenida, pero no puede escapar la sensación de que se nos está contando apenas una parte de una historia que se encuentra en sus últimas. Y a pesar de que se han elegido las locaciones más bellas de la Patagonia y el trabajo de cámara es atractivo, cada tanto hay detalles de producción que irritan y arruinan la ficción decimonónica. Las vestimentas son demasiado limpias, los cabellos demasiado peinados, la utilería demasiado pulcra.

El otro aspecto que incomoda la ficción son los diálogos. Salvo por Moreno, ninguno de los demás personajes suena a que pertenece a ese tiempo, en ese lugar. El énfasis y la forma en que se los personajes enuncian es demasiado moderno. El colmo es que hay una escena en la que los colegas de Moreno critican su dicción “declamatoria” e intentan convencerle de que hable como una persona del siglo XXI y no del XIX. ¿Es esta la forma en que Zevallos (guionista) quiso atajar críticas sobre un parlamento de época poco convincente? ¿Haciendo que uno de sus personajes lo intente, y que los demás lo traten de teatral?

Fuga de la Patagonia no debería ser tomado como un intento serio de hacer memoria histórica; es infinitamente más disfrutable como historia de aventuras a la vieja usanza, si bien el diseño de producción a veces la traiciona.

7.0

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