Benjamín Harguindey
24/11/2016 17:14

Nocturama (2016) de Bertrand Bonello está destinado a la controversia, eligiendo un tema tan candente y delicado como el terrorismo y romantizándolo al asociarlo con el ansia existencial adolescente. ¿Qué son los ataques demostrados en la película sino un pedido de auxilio? La última imagen del film es la de un adolescente literalmente llorando y pidiendo ayuda en vano.

Nocturama

(2016)

El film se divide prolijamente en dos mitades: en la primera, una red de jóvenes aspirantes al anarco-terrorismo recorre Paris, discretamente confundiéndose en la muchedumbre de las calles y los subtes mientras toman fotos, envían mensajes y tiran sus teléfonos. Hay algo ballético en la forma en que la cámara va desplegando las dimensiones de la silenciosa conspiración a medida que los jóvenes cruzan caminos, intercambian miradas y prosiguen con una rutina diaria que claramente es una elaborada farsa para quien quiera mirar.

Todo esto es el preámbulo para una serie de ataques que parecen ir más por el lado del vandalismo simbólico que la sed de sangre, aunque no queda claro cuan fatales resultan o si a los chicos les importa. “Hemos hecho algo único,” sentencia uno de ellos. “Nada volverá a ser lo mismo”. Iluso optimismo en tierra del crítico que popularizó la frase “cuanto más cambian las cosas, más siguen igual”. Nuevamente, no queda claro si Bonello quiere celebrar el idealismo de sus jóvenes antihéroes, lamentar la futilidad de sus acciones o pararse en el medio.

En la segunda mitad, los chicos se esconden en un centro comercial a puertas cerradas (uno de ellos es guardia de seguridad), esperando al amanecer para volver a confundirse a plena vista con una ilusión de normalidad patética. La espera se vuelve intolerable y de a poco se van contagiando de una desesperación muda que se va exteriorizando en el afán de poseer y devorar todo cuanto tienen a disposición en el shopping.

Desde el aspecto formal, la película está atractivamente filmada y editada. Bonello conjuga en el tiempo las escenas iniciales, yendo y viniendo entre sus protagonistas y armando el rompecabezas de su ataque simultáneo. El desenlace está diseñado de manera parecida, asistido por una canción diegética (“real” dentro de la ficción del film) que se oye entera al principio y luego reinicia en cada escena. Sirve para medir cuándo sucederán las cosas que se han oído pero sin saber dónde o a quién.

Los jóvenes de Nocturama están más interesados en llamar la atención que hacer una crítica a la sociedad o cambiar el mundo. La película comparte el mismo sentimiento.

7.0

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