Benjamín Harguindey
24/11/2016 02:49

Hace un año el realizador británico Ben Wheatley presentaba fuera de competencia en el 30 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata el film High-Rise (2015), sobre la novela de James Ballard - una fábula sobre el clasicismo social imaginada dentro de una lujosa torre residencial, en la que los habitantes terminan literalmente comiéndose los unos a los otros.

Free Fire

(2016)

Free Fire (Free Fire, 2016), su nueva película, se presenta ahora en la Competencia Internacional. El film es una violenta comedia de humor negro y un retorno al salvajismo de High-Rise (solo que sin la veta filosofal de Ballard). El guión fue escrito por Ben Wheatley y Amy Jump y técnicamente recorre un camino similar al de la película anterior, encerrando a un montón de personajes desquiciados en una única locación sin darles nada para hacer más que matarse.

El film abre en un galpón abandonado en Boston, 1973. Se presentan los personajes: una pandilla quiere comprar armas, otra pandilla quiere venderlas. Algo sale mal, casi inmediatamente todos son heridos y el resto de la película es un enorme tiroteo de hora y media entre gente moribunda que trata la carnicería como si fuera un partido amistoso entre equipos, alternando entre felicitaciones y puteadas.

La gracia de Free Fire nace del hecho de que, por más gráfica y encarnizada que se ponga la violencia, es tratada con la levedad de una caricatura animada. Imaginen una cruza entre los criminales atrincherados en Perros de la calle (Reservoir Dogs, 1992) y los eternamente vengativos yakuza de las películas de Takeshi Kitano. Los pandilleros de Free Fire deben ser tratados con la misma seriedad - gente muy astuta para el diálogo, pero demasiado estúpida para permanecer con vida.

No hay realmente buenos y malos más allá de la preferencia personal por tal o cual actor. Cillian Murphy como el líder de los compradores de armas es lo más parecido a un héroe convencional. Sharlto Copley es el líder rival, sujeto a lapsos de histeria. Armie Hammer interpreta a su infinitamente más capaz mano derecha y asume el desagradecido papel de intentar arbitrar la pelea. Brie Larson pertenece a un bando o a otro, cambia todo el tiempo. Sam Riley y Jack Reynor se odian a muerte y su encarnizado, multi-episódico duelo recuerda a los brutales cruces en Padre de familia entre Peter y cierto pollo.

La diversión de Free Fire es dejarse llevar por el absoluto caos de la acción, el nivel de incompetencia de los personajes - superado apenas por el asombroso umbral de tolerancia de cada uno de ellos - y chistes que van evolucionando espontáneamente a lo largo del film y no merecen ser estropeados por describirlos. Es el tipo de película que inmediatamente aliena a sus posibles detractores en los primeros minutos y provee un inmenso, indulgente placer para aquellos que les gusta ver experimentos con el cine de género hechos con humor e irreverencia.

8.0

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