Rolando Gallego
22/11/2016 18:53

A partir del blanco y negro, y del juego con la cámara nerviosa y virulenta que bucea en la vida de un grupo de jóvenes a la deriva en la Colombia actual, el realizador Juan Sebastián Mesa genera un manifiesto en Los nadie (2016), sobre una etapa clave en la formación de la identidad y los valores.

Los nadie

(2016)

Si bien el estereotipo y el lugar común marcan el ritmo de la narración, en el espiral de personajes que crea el director se llega a vislumbrar algunas de las manifestaciones más acabadas sobre las personalidades de los caracteres y sus posibles psicologías en diferentes tipos de adolescentes. El grupo con el que Mesa narra la historia de Los nadie son jóvenes a la deriva, borders, que se ganan la vida realizando malabarismo en la calle, pintando graffitis, corrompiendo el orden establecido, limpiando vidrios de automóviles, vendiendo artesanías y pidiendo dinero en las esquinas más importantes de la ciudad.

Cada uno de los intérpretes trabaja con un registro bien diferente, así, si bien los personajes comparten un espacio común en el que desarrollan sus particularidades, no hay choques entre ellos porque cada uno cumple una función narrativa diferente, la que se potencia con una cuidada selección musical, estridente, que ayuda a construir el verosímil del film.

Si una joven de clase media, con una madre religiosa al extremo, lucha con su familia para poder encontrar su lugar en el mundo, configurando un universo plagado de música, drogas, tatuajes y sexo, alejado de las normas y convenciones que la Iglesia le exige, es esa misma joven la que está de novia con alguien que no encuentra su rumbo, y que también la lleva hacia un lugar que no le conviene (o al menos su familia lo cree así) y de hecho a lo largo del relato esa historia comienza a resquebrajarse y deriva hacia otro lugar.

Las tribus de Juan Sebastián Mesa se reflejan con el acompañamiento de la cámara en mano, y el temblor que genera expectativa por aquello que se va a mostrar, pero lamentablemente al no lograr una solidez en el guión, sus ideas comienzan a evaporarse y generan un tedio que no levanta ni siquiera incorporando, para contrastar, al universo de los adultos. Hay un momento muy significativo del film, en el que una de las protagonistas en el día de su cumpleaños le lee a su madre fragmentos de un libro y la hace llora, porque no solo entiende que su hija está cada vez más lejos de ella, sino que, principalmente, tendrá que asumir que debe permitirle seguir su camino. Es en la elección del blanco y negro que el director neutraliza la vitalidad del film, que si bien intenta expresarse con las actividades de cada uno de los protagonistas, muestra todo gris y monótono, y esto no sólo hablando del color sino también de temperamentos polarizados.

Los nadie habla de búsquedas sin horizontes, de generaciones que si bien por un lado se permiten algunas digresiones, el control parental les impide seguir en un camino en el cual la libertad les permitiría configurarse como seres responsables de sus decisiones. Mesa no transmite la problemática que plantea de manera compleja, aunque aprueba con lo justo su debut en el cine.

5.0

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