Ezequiel Obregón
21/11/2016 21:10

El ensayo audiovisual Binaria (2016), de Carolina Rimini y Gustavo Galuppo, pone en cuestionamiento al pensamiento binario que hace de la tajante distribución de roles sexuales un engranaje para la dominación capitalista.

Binaria

(2016)

A partir de material de archivo y de la exposición de textos de grandes pensadores sobre la cuestión de género, Carolina Rimini y Gustavo Galuppo construyen un ensayo audiovisual que opera como síntesis y crítica de la mirada heteronormativa en la humanidad. Sí, el objeto de análisis es amplísimo. Y aunque la película se corra de lo estrictamente informativo, uno de sus principales defectos es no concentrarse en un punto más definitorio para abordar una temática de aristas diversas (como no podría ser de otra forma).

Hay en Binaria mucho de efecto de shock; las imágenes se suceden con una lógica disruptiva y efectista, como si se analogaran con la violencia con la que han sido concebidas. Principalmente, son cuadros de situación o escenas (en general, de la imaginería familiar y erótica norteamericana). Los realizadores trabajan en varios pasajes con pantalla dividida, de alguna forma sientan posición sobre lo que proyectan, al tiempo que introducen fragmentos de textos que funcionan como propuestas de lectura para espectador.

Este ensayo puede inscribirse dentro de una tradición de ensayos que siguen la lógica de la pancarta y, desde allí, buscan desentrañar temas de profundidad que en la vida cotidiana están naturalizados. Desde esa perspectiva, cobra mayor peso dramático cómo el cuerpo de la mujer es cosificado mediante las imágenes que se reproducen en el mundo y cómo a partir de la binarización cultural de los sexos se ha permitido el desarrollo del capitalismo en su fase más lucrativa.

Tal vez, hubiera sido más pertinente que ese espíritu confrontativo se amalgame a una línea de análisis más fina. La duración es acotada (apenas sesenta minutos); pero ya hacia mitad del metraje se hace más evidente esa necesidad. La inclusión de las manifestaciones y posteriores represiones en el último Congreso de la Mujer (de apenas un mes atrás) demuestran el interés de los realizadores de incluir ese valioso capítulo en la película (al menos, tal como se presentó en el 31 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata). El problema es que esa inclusión merecía mucho más tratamiento del que recibió. Tal como aparece, es un agregado un tanto antojadizo.

6.0

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