Juan Pablo Russo
13/11/2016 14:41

En Jesús (2016) Fernando Guzzoni (Carne de Perro, 2012) ofrece una áspera y para nada condescendiente mirada sobre el pecado y la doble moral a través de los desaciertos de un grupo de adolescentes chilenos en la noche de Santiago.

Jesús

(2016)

Jesús (Nicolás Durán), es un joven de 18 años, al borde del fracaso escolar, que vive con su padre ausente (Alejandro Goic), un viudo que está poco en casa y con quien mantiene una relación distante y una indiferencia recíproca. Más allá de su pasión por el baile K-pop y el sexo bisexual ocasional, Jesús parece absorbido por un grupo de amigos al borde de la delincuencia que se pasa la vida bebiendo en un cementerio y viendo videos por internet donde degüellan gente. La abulia acabará en drama cuando una noche golpeen a un joven al que dejarán en coma. Este hecho converge en un duelo entre padre e hijo donde Jesús tendrá que afrontar las consecuencias de su acto, y su padre decidir hasta dónde lo protegerá.

La película, de un realismo impactante, juega magistralmente con las sombras y la noche para ofrecer atmósferas deletéreas y un retrato crudo de una sociedad, la chilena, brutal y atormentada. Un cuadro sin concesiones pintado o a través de una serie de secuencias tan impactantes como reales, donde se mezcla el control absoluto de la puesta en escena y el tempo con que se desatan las pulsiones y acontecen los abruptos virajes de la narración. La afición por lo carnal, cuya exuberancia puede, sin duda, prestarse a discusión, ilustra con justicia el laberinto tenebroso que lleva a Jesús hasta la catarsis de su juicio.

En Jesús vemos los dislates adolescentes en la noche de Santiago como parte de una parábola en las dos partes bien diferentes en las que se divide un film cargado de referencias bíblicas. Tal como lo hizo en Carne de Perro, Fernando Guzzoni, un cineasta evidentemente inteligente, vuelve a llegar al núcleo de la oscuridad interior de manera directa y sin ningún tipo de concesiones hacia el espectador.

9.0

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