Jimena Díaz Pérez
19/10/2016 13:48

Dirigida por Alejandro Chomski, Maldito seas Waterfall (2016) es una película que no termina de convencer, aunque la idea no es mala. Martín Piroyansky interpreta a un protagonista con pocas aristas y aspiraciones que se contrapone al ritmo vertiginoso de la sociedad actual.   

Maldito seas Waterfall

(2016)

Roque Waterfall (Martín Piroyansky) es un joven treintañero que ocupa su vida en casi nada, literalmente. No trabaja ni estudia: vive de la renta de un departamento heredado de sus padres. Lo único que hace regularmente es mirar videos de los partidos de Atlanta y juntarse a charlar con su amigo. Pero su vida cambia cuando conoce a una mujer (Juana Schindler), y un intelectual alemán (Rafael Spregelburd) le propone hacer un documental sobre su tranquila vida.

Chomski propone una historia que tiene como protagonista a un antihéroe. Porque tiene todo lo que considera necesario para sobrevivir y eso no le provoca motivación alguna para desarrollar actividades. Lo más atractivo es observar esa realidad en contraposición a la ansiedad de la sociedad actual, que parece “avanzar” al servicio del consumismo y los adelantos tecnológicos. Precisamente, ese ritmo al que el espectador suele estar acostumbrado no se condice con el de la película.

Maldito seas Waterfall también parodia el proceso de creación y filmación de documentales. Y a la tranquila vida de Roque, el director alemán le encuentra un atractivo particular que se materializa en una mirada más intelectual, a la que elige retratar en blanco y negro.

Con un Piroyansky que logra una gran interpretación y vuelve a demostrar que es uno de los actores jóvenes con mayor proyección, la película de Chomski es bastante lenta y puede parecer sencilla. Pero invita a reflexionar sobre la condición humana y las influencias que puede tener, o no, el exterior en una persona. Y eso no es poco.  

6.0

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