Rolando Gallego
21/04/2016 17:24

Hay veces que el cine sirve como vehículo catártico en el cual los realizadores depositan algunas ideas interesantes sobre sí mismos y el mundo que los rodea. No es el caso de Las lindas (2016), ópera prima de Melisa Liebenthal, que bucea en la imagen femenina, el sexo opuesto y cómo la mirada del otro influye en la constitución de la identidad.

Las lindas

(2016)

La directora, a través de primeros planos de ella, su grupo y del detalle de determinadas zonas “conflictivas” de su cuerpo, busca formar un contexto apropiado para que su discurso, acerca de la obsesión por la belleza y la determinación sobre qué es bello y qué no, termine por naufragar ante la obsesión por hablar de algunos conceptos. Si sus amigas son bellas, ella contrasta diciendo que nunca lo fue, o que su voz no ha ayudado a ser percibida como una mujer, y mucho menos que el sexo opuesto detecte en ella una atracción hacia su cuerpo.

El archivo se utiliza para afirmar los pensamientos de Melisa Liebenthal, pero también para generar tedio ante la imposibilidad de encontrar otro recurso de empatía con el espectador. “Tengo cara de orto”, “Me confunden con un hombre”, “Me preguntan si me gustan las chicas”, algunas de las palabras que la realizadora despliega en la pantalla.

Las lindas son sus amigas, las que viajaron, las que triunfaron como modelos. Las feas son las otras, que a medida que las lindas avanzaron en relaciones amorosas, fueron quedándose solas o aisladas, reforzando aún más su pensamiento. Las lindas olvida rápidamente que es una película, y va acumulando información cual manifiesto sobre la juventud, la amistad, el amor, el rechazo, el cuerpo, el odio, -y principalmente la belleza-, sin generar una narración aceptable sobre el conflicto y contraste entre las concepciones que se puedan tener sobre cada uno.

La foto como evocación de otra época también resta potencia al presente de Melisa Liebenthal, lleno de oportunidades e ideas concretas, que claramente no pudieron ser plasmadas correctamente en esta oportunidad, porque en vez de confrontar lindo versus feo, hombre versus mujer, podría haber tomado otro camino hacia la afirmación de nuevas corporeidades y maneras de entender al sexo opuesto. Seguramente en próximas ocasiones florezca su potencial.

4.0

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