Emiliano Basile
20/04/2016 14:19

La nueva película del brasilero Gabriel Mascaro (Vientos de agosto) presentada en la 72 Mostra de Venecia, retoma la cotidianeidad del hombre rural, sus quehaceres domésticos y su impronta sexual en un paisaje tropical. Boi Neon (2015) va así desde la contemplación casi documental a las pinceladas sobre una profunda sensibilidad masculina detrás de la actividad campesina.

Boi Neon

(2015)

“Ella no entiende, es una campesina” dice Iremar, el protagonista, sobre su compañera de trabajo, la única mujer que maneja herramientas y sabe de mecánica del lugar. Conductora del camión que trasporta a los hombres y su preadolescente hija de destino a destino siguiendo las “vaquejadas”, el tradicional rodeo del noroeste de Brasil, práctica en la que dos vaqueros montados a caballo tienen como objetivo derribar a un toro agarrándolo de la cola. El espectáculo ambulante al modo de un circo tiene a los protagonistas acampando transitoriamente en distintos paisajes rurales. Ellos se dedican a limpiar la cola de los toros, más específicamente el pelaje al final de las mismas, y tenerlas listas para el show.

Además del trabajo, Iremar es también un padre para la hija de la mujer, siendo más sensible incluso que ella en el trato hacia la niña, y tener un conocimiento artístico por el diseño de indumentaria: Recolecta maniquíes, confecciona dibujos, y mide caderas femeninas con el fin de confeccionar vestidos. El hombre sabe de perfumes y demuestra conocimiento sobre pelucas, colores y gustos femeninos. No es homosexual, simplemente desarrolla un trabajo varonil por su condición campesina.

El sexo juega en el film otro papel fundamental. Es mediante la exteriorización de los cuerpos, semi salvajes (de ahí el paralelo con la piel de los caballos y los toros) es que vemos el comportamiento y anhelos de personas que no suelen expresarse con las palabras. La atracción sexual con su jefa está siempre implícita, la relación con el joven compañero de “cuidada melena” que envían a colaborar con ellos, o su trato con la “fina” vendedora de perfumes. Del mismo modo las escenas de tinte surrealista, ya sea el striptease de la mujer con vestimenta mitad caballo mitad erótica, o las escenas de mismo corte con hombres dominando animales.

La película de Gabriel Mascaro desarrolla un abanico de situaciones para mostrar el trabajo de las personas de campo. No lo hace de manera convencional, sino que expone sin juzgar una serie de matices diferentes a los convencionales asociados a estas personas. Es en ese recurso que se genera lo virtuoso del film.

7.0

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