Benjamín Harguindey
20/04/2016 14:13

Mi último fracaso (2016) documenta la vida de la coreano-argentina Cecilia Kang y su entorno familiar, que posee un eje predominantemente femenino – la abuela, la madre, la hermana, las amigas, la profesora, etc. Es una película muy amena y placentera que parece haber sido hecha sin otra consigna que proveer un pantallazo desestructurado de vida. “Slice of life” se llama en inglés, del “tranche de vie” francés.

Mi último fracaso

(2016)

Kang roza superficialmente un amplio campo semántico de temas – la dicotomía del inmigrante que vive simultáneamente entre dos culturas; la nostalgia, la tradición, el sectarismo. No ahonda particularmente en ninguno, no hay grandes revelaciones. Todo recibe un tratamiento poco más que mundano y algo distraído. Se provee un panorama, en el sentido más distante y dilatado de la palabra.

Mi último fracaso es una película hecha de momentos. Momentos que no existen en función de un argumento. Hay momentos de emotividad en las entrevistas familiares. Hay momentos de choque cultural (una sesión fotográfica ante la lápida de un abuelo). Momentos de filosofía adolescente borracha en un karaoke. Momentos de filmar al perro, a la nona cocinando, etc.

La película termina con un momento particularmente simpático (un brindis con aire festivo), concluyendo con un plano chistoso de todos los zapatos que se han acumulado dada la cantidad de comensales descalzos. Es una buena forma de salir de Mi último fracaso con un lindo recuerdo.

6.0

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