Ezequiel Obregón
13/04/2016 00:47

El documental de Francisco Matiozzi Molinas indaga en un colectivo de ex presos políticos que pinta murales para homenajear a los desaparecidos. La búsqueda multiforme de su trabajo muchas veces se confunde con desorientación.

Murales. El principio de las cosas

(2016)

Tal vez sea Los rubios (Albertina Carri, 2003) el film de la post-dictadura que mejor supo trabajar el contenido en relación a la forma, siempre en torno a las consecuencias de uno de los períodos más oscuros de la reciente historia argentina. Murales. El principio de las cosas (2016) también problematiza ese par, con resultados en parte óptimos, y en buena medida desconcertantes. El desconcierto no surge de la dosificación de la información (lo que, en buena medida y aún en un documental, conforma una arquitectura dramática), sino de las múltiples formas que se suceden y que no logran establecer un sistema.

Hay una intención de ficcionalizar los acontecimientos que no se cumple, hay un “repaso” de material de archivo, hay indagación familiar y voz en off, hay recorrido por lugares clave y análisis en primera persona. Poco a poco, el espectador conoce parte de la historia familiar del realizador, centrada en el asesinato de un familiar y la reivindicación que llevó a cabo un grupo de muralistas. Matiozzi Molinas expone sus dudas sobre cómo registrar y pensar los acontecimientos, y de este modo promueve una reflexión sobre la historia y la memoria colectiva. Los intersticios de esa memoria, los desacuerdos, las omisiones y las divergencias, están expresados en la voz de quienes formaron ese pasado y fueron cambiando –o no- a medida que pasó el tiempo.

Es evidente que la apuesta fuerte del realizador consiste más en realzar el proceso que el producto. Frente a esta premisa, hay algunas metáforas un tanto obvias, como la analogía entre la práctica de la natación del propio Matiozzi Molinas y la concreción del proyecto cinematográfico. En contraposición, sí tiene una mayor magnitud alegórica simbólica el empleo de los papeles de colores que trazan, literalmente, una red de sentido en torno a los nombres, los espacios, y los crímenes de quienes lucharon contra el pasado dictatorial.

Pese a los desniveles, siempre es bienvenido un trabajo audiovisual que aborde la dictadura cívico militar, y más aún cuando reflexione sobre cómo hacerlo.

6.0

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