José C. Donayre Guerrero
12/04/2016 15:01

Solos (2015), película peruana dirigida por Joanna Lombardi, es una propuesta particular a partir de una idea ingeniosa pero poco profundizada y sin mucho que ofrecer. Posee enormes recursos y elementos como para convertirse en un pequeño cuento conmovedor y, por sobre todo, cautivador. Lastimosamente termina por ser nada más que un divague por los parajes más inhóspitos y perdidos del Perú, quedando los personajes desconectados e inmutables en un camino hacia la nada.

Solos

(2015)

La historia es muy simple: cuatro jóvenes recorren la sierra y, especialmente, la selva del Perú yendo a los pueblos más empobrecidos para proyectar películas en las plazas centrales. Su misión es producir pequeños cines al aire libre en pueblos perdidos que en muchos casos no poseen electricidad y que, por sobre todo, no tienen idea de lo que es un cine. Llevando su proyector en una camioneta y cual voceros de un circo delinean su roadmovie mientras llegan a cada lugar y comienzan a anunciar su espectáculo invasor. Invitan a niños, padres y gente con la que se crucen por el camino para que vayan a ver la película. Lo peor es que cuantas más funciones tienen menos gente va. Ofrecen cine y no tienen espectadores. Cero sobre cero.

Sin duda una vez narrado el argumento resulta de lo más atractivo. Sobre todo por su sencillez y por la enorme curiosidad que produce. Un film que trae ficción de la mano de un experimento social.

De manera triste y decepcionante, el film comienza a volverse la pequeña historia de cuatro personajes sin la menor gracia, que parecen ser los pequeños niños que no pierden ni ganan nada con lo que hacen. Con algún que otro diálogo ingenioso, el hecho de recorrer distintos parajes peruanos como una mera excusa, no termina por atrapar. Incluso si por enfrentarse a un proyecto que suena a derrota segura, no hay el menor disfrute ni angustia por salvar al fracaso o por hundirse de manera gloriosa en él. Al final produce indiferencia total.

Hay una ligereza que en lugar de volverse interesante y herramienta funcional, termina por resultar aburrida. Por sobre todas las cosas porque da vuelta sobre si sin volverse una aventura bien construida. Puede haber sido una aventura sobre la espera o sobre la nada, pero nunca termina de cuajar. Además comete el error de que al dejar -de manera inteligente dicho sea de paso- las proyecciones de cine a segundo plano, y así profundizar en los cuatro viajeros, uno se encuentra con seres plásticos, llenos de clichés, que ni siquiera son felices de estar juntos, de fracasar juntos, incluso si la idea es mostrarlos “desalmados” y “aburridos” e uniformados y carentes de gracia propia, nada confina a que uno se motive por verlos juntos. Ni siquiera la mezcla extranjera (pues tres son peruanos y el cuarto es argentino) de manera increíble no suma ni es aprovechada.

No se puede negar que la idea de derrota ante una soledad absoluta y de creación documental se percibe en el acto ya que se ve construida tambaleándose en la oscuridad, como hecha muy sobre la marcha, pero parece ser más atractiva por la idea que por la manera como se hizo. Después no importan los pueblos, no importa la película, más que verlos a ellos (y uno pierde las ganas de verlos) pues se sufre con su nada y así avanza hacia el final. Más allá de una notable fotografía y la vista de un país maravilloso, queda una película hecha para festivales. Con sabor a poco y nada.

4.0

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