Juan Pablo Russo
04/03/2016 01:02

¿Hasta dónde son capaces de llegar los seres humanos por tener algunos millones en su poder? Esta pregunta será el disparador de Felices 140 (2015), nueva obra de la española Gracia Querejeta (15 años y un día, 2013) en la que un grupo de amigos se reúne en una de esas casas que solo aparecen en las revistas para festejar un cumpleaños. Pero algo sucede y la avaricia se apoderará de cada uno hasta límites inimaginables.

Felices 140

(2015)

Elia (Maribel Verdú) invita a todos aquellos seres importantes de su vida para festejar su cumpleaños número 40. Del festejo participarán, entre otros, un antiguo amante millonario (Ginés García Millán) y su nueva novia, una actriz en ascenso (la bellísima Paula Cancio), el mejor amigo (dueño de un restaurante, Eduard Fernández) con su mujer (Nora Navas) y la familia formada por su hermana (Marian Álvarez), el marido de ésta (un abogado interpretado por Antonio de la Torre) y el hijo de ambos, un adolescente que admira incondicionalmente a su tía Elia y que observa lo que sucede a su alrededor desde la inocencia, el estupor y, finalmente, el pánico.

Lo que ese fin de semana va a ocurrir en ese "marco incomparable" va a transformar la vida de todos. Habrá un antes y un después en sus existencias tras esta reunión de "amigos". Por supuesto, como en todo grupo, aquí cada personaje tiene su rol preciso y bien diferenciado. Un micromundo con el que Querejeta hace un retrato de un sector social. Personas de clase media acomodada que se creen íntegras y éticas hasta que el dinero se interpone y mutan en seres despreciables.

La directora se ha servido de una estructura narrativa en forma de flash forward, con pequeñas entrevistas, que servirán para saber que ha sucedido con cada uno de ellos luego de ese idílico fin de semana. El resto de la acción -dividida por un tremendo hecho crucial- transcurre en el ambiente ligeramente claustrofóbico de una enorme mansión, con esporádicas salidas a un pueblo, un bosque o un faro. El final de la película regala unas panorámicas de impresionantes acantilados canarios. Metáfora de lo abrupto que pueden llegar a ser las relaciones humanas.

Pero lo que más sorprende de este dramedy es la utilización del humor negro. Esas pinceladas de ironía ayudan a digerir el mensaje desesperanzador de la película. La crisis vuelve mezquinas a las personas, el mal genera más mal y la plata saca lo peor de cada uno de nosotros. Porque, desgraciadamente el dinero sigue moviendo al mundo.

7.0

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