Juan Pablo Russo
27/02/2016 14:52

Luego de ganar el Oscar por La grande bellezza (2013), el italiano Paolo Sorrentino regresa con otro film cargado de sus magníficos encuadres fellinianos en el que la amistad parece ser el tema central. Sin embargo, tras este sentimiento que une a los dos grandes protagonistas del film, Michael Caine y Harvey Keitel, aparece una percepción del sentido de la vida y del cine propia del director napolitano y digna continuadora de la obra que le valió el premio de la Academia de Hollywood, entre tantos otros.

Juventud

(2015)

Amigos amigos, el director de orquesta y compositor ya jubilado que interpreta Michael Caine y el activo cineasta  Harvey Keitel, se encuentran en el mismo spa de lujo en Suiza. El director de cine está rodeado por un grupo de jóvenes guionistas con los que está escribiendo su película-testamento. El director de orquesta, en su lugar, está preocupado por su hija (y asistente), Rachel Weisz, a la que el marido abandonó para fugarse con la estrellita del pop del momento (Paloma Faith, que se interpreta a sí misma) . Por desgracia, el marido es el hijo del amigo director. Un poco como en los clásicos griegos, la encarnación de la Juventud es una Miss Universo Madalina Ghenea) que llega al hotel a subrayar la decadencia de los cuerpos de los protagonistas y del resto de huéspedes del lugar, entre los que aparece el astro del fútbol argentino Diego Armando Maradona (Roly Serrano..

Juventud (La giovinezza, 2015) se desarrolla en el hotel Schatzalp de Davos (Suiza), el mismo que cita Thomas Mann en La montaña mágica. Una connotación literaria ciertamente potente que en la película desmiente, en una de sus múltiples sentencias, el director de orquesta Michael Caine: "Stravinsky me dijo una vez que los intelectuales no tienen gusto. Y yo he tratado toda la vida de no ser un intelectual". Le dice a la joven estrella del cine estadounidense interpretada por Paul Dano, frustrado porque la gente lo conoce sólo por su papel de Mister Q. en un film de ciencia ficción en el que aparece siempre dentro de una coraza. Él, en cambio, lee a Novalis y lo cita: "desvanecido el deseo de ir lejos, queremos regresar a la casa del padre".

Preso toda la vida por su música, Caine no ha sido un buen padre y ha sido infiel a su mujer, cantante lírica y única intérprete de su composición más famosa, las "Simple Songs". Y justo ahora llega a ese lugar encantado entre los Alpes un emisario de la reina de Inglaterra que quiere a toda costa un concierto suyo en Londres. El maestro lo rechaza porque no ve futuro en su vida, tan rica y, a sus ojos ahora, tan próxima a su final.

La herencia que arrastra el cineasta, sin embargo, tiene el aspecto de Jane Fonda, que encarna a una actriz que ha encarnado muchos de sus papeles en el pasado y que tendría que ser la protagonista de su última película. Pero la televisión, ahora, inmediatamente, podría prevalecer por delante de cine.

Ambos amigos, músico y cineasta, tomarán decisiones que irán en direcciones radicalmente opuestas y que responden a la pregunta: "¿cómo podemos enfrentarnos al futuro cuando el futuro no es una expectativa cierta?" Para el director, siempre hay un futuro y siempre es una gran oportunidad para la libertad. Queda por ver cuál es el precio de esta libertad y la película da su idea con respecto a este asunto.

7.0

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