Juan Pablo Russo
25/02/2016 00:40

En Camino de campaña (2014), estrenada en el 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Nicolás Grosso vuelve a trabajar sobre dos temas que parecen ser los que rigen su obra y más lo perturban: el tiempo y el espacio en medio de una situación familiar conflictiva.

Camino de campaña

(2014)

Agustín (Agustín Rittano) regresa a su pueblo para ser juzgado por el asesinato de sus padres. Mucho no sabemos de su pasado, ni siquiera si es culpable o inocente del hecho que se lo acusa. Situación que en un punto solo sirve como anécdota del relato. Al llegar se cruza con Leila (Valeria Blanc), una joven muchacha, que huye de lo que se supone podría ser un problema familiar o una relación prohibida. Pero esto tampoco será determinante en la historia, sino otra excusa para hablar sobre los dos tópicos con los que parece estar obsesionado el joven realizador premiado en BAFICI con su ópera prima La carrera del animal (2011).

Lo que podría ser un relato policial sobre un parricidio, o un drama psicológico sobre una mujer en crisis, o hasta el retrato pintoresco del pueblo chico convertido en infierno grande, muta en una exploración sensorial sobre lo que les pasa a ambos personajes en un tiempo y espacio determinado. Ambos están ahí forzados por una situación, no fueron por simple elección, sino que fue un hecho fortuito el que los obligó a llegar al lugar. A partir de ese cruce casual es cuando la película deja de lado el camino que en un principio parecía seguir y se desvía hacia otro. De la misma forma que lo hacen los personajes. Camino de campaña es el recorte de ese momento y no hay que buscar más allá de lo que propone.

Grosso toma riesgos estéticos y narrativos y es en ese punto donde la película crece y se aleja de los lugares comunes. La cámara explora el espacio, un lugar árido y seco, casi sin habitantes. Lo muestra en su plenitud sin la necesidad de buscar belleza ni forzar que la haya. Es como si fuera la visión de un intruso que bien podría ser la de los propios personajes que van redescubriendo un lugar que reconocen pero les resulta extraño.

Camino de campaña se nutre más que de diálogos de gestos, miradas y hasta del uso del fuera de campo para describir los personajes y sus acciones. Hay un gran trabajo de cámara y en la dirección de actores para evitar caer en el exceso y medir hasta el más mínimo detalle. Sorprende Agustín Rittano en una composición despojada de todo clisé.

De la misma manera que lo hizo en La carrera del animal, Grosso vuelve a demostrar que tiene un extraño virtuosismo para trabajar el espacio y el tiempo, que viene acompañado de una sensibilidad para retractar personajes en crisis sin la necesidad de ahondar en ellas.

7.0

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