Anna Dodier
24/02/2016 23:41

Con El hijo de Saúl (Saul fia, 2015) el húngaro László Nemes firma su primer largometraje. Grand Prix en el 68 Festival de Cannes, esta inmersión en el infierno de los campos de exterminación es una magistral pregunta abierta a lo que a uno lo hace hombre.

El hijo de Saúl

(2015)

Octubre 1944. Saúl Ausländer (Géza Röhrig) es un judío húngaro prisionero en Auschwitz y parte del Sonderkommando, grupo responsable del funcionamiento de los hornos crematorios, y separados del resto del campo hasta que los nazis elijan el día de su muerte. En el medio de los cuerpos muertos, Saul encuentra lo que cree ser su hijo. Va intentar entonces por todos los medios enterrarlo, según los ritos fúnebres judíos.

¿Cómo mostrar, representar el horror en el cine? ¿Lo que sale del sentido, lo que parece indecible, innombrable, inimaginable ? Desde que empezó a querer figurar los campos, el género cinematográfico no dejó de preguntárselo, de manera más o menos sutil. Alain Resnais a través de Noche y niebla (Nuit et Brouillard, 1955) o Claude Lanzmann con Shoah (1985) ofrecieron por ejemplo con sus documentales respectivos reflexiones de una fineza potentísima sobre el tema. Pero la ficción no logró a menudo llegar a una distancia justa y ética, el limite entre mostrar y esconder siendo particularmente delicado.

La película de Nemes inventa un punto de mirada justo para representar la lucha de Saúl, quien, verdadero Antígona moderno, no quiere dejar a los asesinos su último lazo con la humanidad.

Se ven los cuerpos, se ven los fuegos que los queman, se ve la muerte. Se ve el SS matar al niño de sus propias manos (y esta escena se podría ver cómo metáfora de todo el crimen nazi). Y al mismo tiempo, con un uso bastante novedoso del fuera de foco, se centra más que todo en la cara del protagonista, sus expresiones y sus gestos mínimos: es decir lo que lo hace humano. Entre visible e invisible, la cámara hace idas y vueltas entre sugerido y crudo.

Esta reflexión sobre la mirada está puesta en escena por un acontecimiento real retomado por la película: la toma clandestina de fotografías del campo desde el interior por un detenido de Auschwitz, muerto en el campo. La cámara fue encontrada en la liberación y las fotografías fueron reveladas. Incompletas pero sin embargo llenas de sentido, son una suerte de supervivencia de los prisioneros, y uno de los únicos testimonios visuales directos de su mirada.

En esta sutileza entre universal e individual se concentra toda la fuerza de El hijo de Saúl. De manera innegable, se trata de una película que tiene al Holocausto como escenario. Pero la de Saul es una lucha personal. Se trata de una experiencia de resistencia en el medio de muchas otras. Asimismo, el director no pretende hacer una ficción sobre lo que fue a gran escala pero inventa la lucha particular de un hombre, usando un dispositivo que enfoca justamente sobre lo individual y lo social de cada uno frente a un sistema que intenta anihilar todo resto de humanidad.

8.0

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