Emiliano Basile
14/02/2016 10:33

Nominado al Oscar a mejor documental, esta película que tiene entre sus productores a Kathryn Bigelow (Zero Dark Thirty - La noche más oscura) se ubica en la conflictiva frontera estadounidense con México para centrarse en dos grupos de civiles auto armados de uno y otro lado, que intentan defenderse de la violencia ejercida por los carteles.

Tierra de cárteles

(2015)

El film de Matthew Heineman pone la cámara en medio del conflicto como si se tratase de un corresponsal de guerra. Con ella sigue los avatares de José Manuel 'El Doctor' Mireles, el líder de la patrulla de “Auto Defensa” que se creó en Michoacán, México, por los propios vecinos con el fin de defenderse del abuso, violación y masacre de los carteles en la zona, ante la falta y desconfianza de instituciones como la policía o el ejército. Del otro lado de la frontera, un ex militar con pasado afectado por el uso de drogas, intenta imponer sus propias ideas de moral y orden en Arizona, donde los carteles manejan el tráfico de migrantes mexicanos.

Lo interesante de Tierra de cárteles (Cartel Land, 2015) que puede verse en la web por Netflix, es el dilema ético moral que plantea en la noción de justicia por mano propia ante las falencias de las instituciones. Los discursos que esbozan tanto el doctor Mireles como el paramilitar americano plantean la necesidad de imponer orden como si se tratase de un western, en tierras donde se desata una guerra civil y las leyes sociales no aplican.

La película pone el ojo dentro del movimiento mexicano de Auto Defensa desde su surgimiento hasta su disolución (o institucionalización) siguiendo de cerca sus acciones como guerrilla armada para la defensa y el ataque a carteles que controlan la zona. De la mano de su líder Mireles, sin juzgarlo y tratando de comprender su accionar, accedemos a los hechos y la naturalización de la violencia en el uso de armas. En su discurso, los convocados para la auto defensa entienden que el poder político no está para defenderlos -y por eso el sometimiento de la gente a los narcotraficantes- e incluso teje alianzas con los delincuentes. Defenderse a cómo de lugar se presenta como la única solución.

El paralelo con lo sucedido en Arizona que la película traza no es en función de hacer una semejanza a nivel de magnitud ni influencia en uno y otro lado de la frontera, sino en correr el foco de México y evitar el estigma que la relación con el narcotráfico genera. En ese primer mundo donde las instituciones sociales parecen funcionar, los mismos conflictos se presentan con la misma sensación de anarquía.

Sobre el final, Tierra de cárteles toma distancia de sus personajes estrafalarios, permitiéndose criticarlos con su humanidad cargada de contradicciones, mostrando que el poder ejercido al tomar el lugar de Dios (en su destilar bien y mal) termina siendo perjudicial al hombre en su individualidad. Una pena para un documental que planteaba hasta entonces un punto de vista novedoso sobre los carteles y sus consecuencias, asumiendo grandes riesgos al introducirse en el corazón mismo del conflicto armado.

7.0

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