Ezequiel Obregón
06/11/2015 17:38

La película de Sean Baker (responsable de Starlet), se mete en el “lado B” de la Ciudad de Los Ángeles, a partir de la historia de una travesti a la que su mejor amiga le revela la infidelidad de su novio.

Tangerine

(2015)

Con Starlet (2012), Sean Baker entregó un producto indie no exento de encanto. Sí, es cierto que la historia tenía mucho de convencional; la fórmula de personajes antagónicos de por sí lo es. Pero más allá de eso, el encuentro entre una anciana amargada y una joven y vivaz actriz porno dio en la película mucha tela para cortar. Tangerine es menos “clásica” y más caótica, y su espíritu de independencia va por otro lado.

Concentrada en poco más de un día y filmada con un iPhone, Tangerine nos sumerge en el sub-mundo de un grupo de travestis que sale a hacer la calle en Los Ángeles. Hay competencia, claro, pero también hay amistad. Tal vez ese es el sentimiento que impulsa a la amiga de Sindee a contarle que durante su ausencia en la cárcel su novio le fue infiel. Enardecida, como era de esperarse, sale a la búsqueda de lo que para ella es doblemente humillante; se trata de una mujer y, encima, ¡blanca!

Baker se propone, por un lado, retratar este espacio y a cruzar personajes (hay también un taxista que la pasa bastante mal y que busca placer en alguna de las prostitutas colegas de Sindee); por otra parte, trabaja sobre la jerga de los personajes y el humor verbal que producen. La textura que proporcionó la cámara empleada va a tono con el caos propio de la historia, en la que hay gritos, muchas corridas, y algunas escenas que dejan entrever un estado de angustia debajo de tanto desparpajo (el número musical de la amiga de Sindee es posiblemente el más cabal ejemplo).

Tangerine no es una película redonda. Por momentos se torna predecible y, superada la media hora, el encanto inicial por descubrir una ciudad lejos de la postal se diluye. Por fortuna, para entonces el drama toma mayor espesor. Con el fin de la noche se impone la melancolía y Baker deja en claro que podemos reírnos con los personajes pero no de ellos.

Una rareza para la Competencia Internacional del 30 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata; lugar que generó demasiadas expectativas para este relato pequeño pero con recursos bien utilizados.

6.0

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