Emiliano Basile
03/11/2015 10:11

Hay toda una tradición de films argentinos ligados al viaje introspectivo por las rutas del país. Son viajes realizados casi siempre al sur, y podemos pensar en las películas de Carlos Sorín o Caballos salvajes (1995) de Marcelo Piñeyro. En Camino a La Paz (2015) el remisero ocasional que compone Rodrigo de la Serna hace por encargo un viaje en auto hasta La Paz, Bolivia, atravesando el norte del país para llevar al musulmán Jalil (Ernesto Suárez) a ver a su hermano.

Camino a La Paz

(2015)

En la primera escena vemos a Sebastián (Rodrigo de la Serna) buscando una casa para vivir con su mujer. Mira por la ventana y decide mudarse al ver hacia afuera de ella, como buscando una salida, su lugar en el mundo. Es un muchacho de barrio, simple y sin planteos existenciales burgueses, pero con un pasado que lo retiene y aqueja en una serie de sensaciones encontradas que lo hacen sentirse extraño en su propio hogar. Su otro gran amor es su Peugeot 505 “con accesorios originales” que le dejó su padre antes de morir, y la música de Vox Dei. Reiterados llamados telefónicos confunden la casa con una remisera hasta que Sebas decide capitalizar ese error y convertirlo en trabajo. Uno de los clientes habituales es Jalil (Ernesto Suárez), un anciano musulmán que le propone el comentado viaje. Ahí comienza la película.

Camino a La Paz no propone una historia original (el viaje iniciativo, el choque de culturas, las enseñanzas que brindan los acontecimientos) pero lo hace desde un enfoque innovador. El director debutante Francisco Varone logra una historia tan simple como su premisa inicial, un relato cargado de emotividad, climas y estados de ánimo. Con personajes humanos que no verbalizan sus sentimientos sino que demuestran en acciones aquello que transitan en su interior, de manera conmovedora siempre desde la sutileza y sin necesidad de golpes de efecto. La banda sonora y las geniales actuaciones de su elenco cumplen un rol fundamental en la recreación de atmósferas.

Jalil es musulmán y, si bien hay escenas donde vemos rituales religiosos, es la manera diferente de entender el mundo lo que prevalece e infiere en su vínculo con Sebastián. La mayor parte del film depende de la relación (conflictiva, familiar, respetuosa) entre ellos, resuelto con simpleza por dos grandes intérpretes como son los protagonistas de la película. Rodrigo de la Serna ya había hecho un viaje introspectivo al norte acompañando a Gael García Bernal en Diarios de motocicleta (Walter Salles, 2004), y vuelve a demostrar su oficio de gran actor al cargarse la película al hombro. Ernesto Suárez con extensa experiencia teatral hace su primer gran papel en cine a los 72 años. Ambos resuelven con maestría momentos complejos de la trama, trasmitiendo las vicisitudes que atraviesan y emocionando con sus gestos.

Si el viaje al sur con sus magníficos paisajes representa el encontrarse consigo mismo, el viaje al norte representa encontrarse con el otro (y de esa manera consigo mismo). Con otra cultura, con otra manera de pensar que enriquece la propia y amplia la forma de ver el mundo. No será una idea del todo original pero sin duda un planteo tan novedoso como noble en la búsqueda de la libertad interior.

8.0

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