Emiliano Basile
02/11/2015 17:05

Basada en la novela homónima de Leonardo Oyola, Kryptonita (2015) es un espectáculo cinematográfico en todos los sentidos del término. Una propuesta innovadora, a la altura de las circunstancias, que adapta el género de super héroes norteamericano al particular universo del conurbano bonaerense. La película marca un antes y un después en el cine local, abriendo un nuevo camino hasta ahora no transitado de historias, personajes y códigos a rescatar.

Kryptonita

(2015)

Todo empieza cuando cae herido de gravedad en la guardia del doctor que interpreta Diego Velázquez Nafta Súper (Juan Palomino), líder de la Liga de la Justicia del Conurbano que completan Federico (Pablo Rago), la mujer maravilla travesti apodada Lady Di (un genial Lautaro Delgado), Ráfaga (Diego Cremonesi), Cuñataí Güirá (Sofía Palomino, hija del actor), Faisán (Nicolás Vázquez sorprendiendo una vez más en cine) y la suerte de oráculo que es Juan Raro (Carca). El medico viene de una mala racha con varios pacientes muertos, y no tendrá otra que resucitar junto con su enfermera Nilda (Susana Varela) al hombre ante la presión de su pandilla y la policía que los espera afuera del derruido hospital público.

De esa situación inicial se desprende la presentación de cada personaje, incluyendo el doctor, y una gama de estrambóticos secundarios como Corona (Diego Capusotto), una especie de guasón argento, Cabeza de Tortuga (Pablo Pinto), el comisario Ranni (Sebastián de Caro), y el malhechor que compone Daniel Valenzuela. Las historias se van sucediendo paralelamente a la trama principal sin nunca perder la tensión de la misma.

No era fácil la tarea que tenía entre manos el director Nicanor Loreti: poner en la pantalla grande el particular universo de la novela de Leonardo Oyola. Presentar sus personajes y hacerlos funcionar en una estructura cinematográfica acorde a las referencias de un género importado con casi nula tradición en Argentina. Y no sólo eso, porque además compite con la dificilísima tarea de estar a la altura de producciones millonarias contando con un escaso presupuesto que debe disimular. Teniendo en cuenta estos factores de riesgo, no se puede creer la genialidad del film y lo que representa para la industria nacional.

La película de Loreti (Diablo) marca un antecedente muy difícil de obviar. Ahora hay un cine de super héroes hecho en Argentina que sienta una base sólida de la cuál partir. Personajes creíbles, con códigos de bandas barriales (en el dialecto, en la forma de vestirse y actuar), en un mundo fantástico, recreado digital y estéticamente con un profesionalismo digno de La ciudad del pecado (Sin City, Frank Miller), donde la ley y el orden son puestos completamente en crisis y subvertidos por la idea de justicia. Se suma una serie de actores que dan a la perfección con el físico rol buscado, y una equipo técnico especializado en la materia. No se trata de parodiar los films de super héroes americanos, sino de construir un cine de super héroes netamente local.

Nace un universo de films, un camino por explorar después de notables incursiones en géneros asociados como el terror y la fantasía ya instalados de la mano de estos mismos actores y realizadores. Pero faltaba una película así, lista para competir en las grandes ligas para imponer un formato. El futuro llegó.

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