Juan Pablo Russo
25/10/2015 00:30

Tras su debut con la melancólica Últimas vacaciones en familia (2011), el joven Nicolás Teté regresa al cine con la misma impronta temática abordada en su ópera prima pero demostrando un gran crecimiento tanto en la dirección como en lo autoral.

Ónix

(2015)

La segunda película de Teté mantiene algunos elementos ya utilizados en su primera obra, y que podrían ser un rasgo distintivo dentro de su filmografía. En Ónix vuelve a utilizar la ciudad puntana de Villa Mercedes como espacio de un relato sobre reencuentros y despedidas, tópico también presente en su antecesora. Además de repetir a varios de sus actores ya fetiches.

Martina (gran actuación de Nai Awada) llega a Villa Mercedes junto a su madre para asistir al funeral de su abuelo fallecido repentinamente. La familia se encuentra distanciada por problemas económicos y no solo debe enfrentar la dolorosa situación de una muerte, sino también la del reencuentro con sus primos. Lo que en un principio es de rechazo, a medida que pasen las horas la tensión irá aflojando, el drama mutando en comedia y las peleas (inexistentes) en reconciliaciones.

Ónix, referencia a la cantera familiar, es una película sobre despedidas, encuentros, herencias y mandatos. Pero no sólo respecto a lo económico sino a lo emocional. Con una despedida materializada en un abuelo que muere y la adolescencia que se va, pero también en una tensión familiar que heredaron de sus padres y que ninguno tiene muy en claro el por qué. Y un rencuentro que más allá de lo familiar tiene que ver con el de uno mismo.

Teté trabaja muy inteligentemente el interior de los personajes, opuestos en muchos sentidos pero iguales en otros. No sólo hay un gran trabajo interpretativo de Nai Awada, quién tendrá el punto de vista de la historia, sino que además está acompañada de un increíble Camilo Cuello Vitale, la siempre interesante Ailín Salas, y la presentación de Macarena Insegna como el cuarteto de primos que junto a Nicolás Condito, como el novio de ésta última, hacen de las suyas. También se destaca la puntana Many Díaz, que si en Últimas vacaciones en familia actuaba en un registro más teatral ahora le encuentra el tono adecuado a esa madre desencadenante de todas las disputas (o al menos a la que culpan).

Más allá de algunas historias que se abren innecesariamente (el resto de los primos no se entiende muy bien para que están sino aportan nada y casi no aparecen) y otras que no quedan demasiado claras, el rol de los padres de los personajes de Ailín Salas y Camilo Cuello Vitale por ejemplo, Ónix marca un crecimiento de Nicolás Teté, donde a pesar de estos cuestionamientos se afianza como un director al que no habrá que perderle pisada.

6.0

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