Lucía Agosta
07/10/2015 11:41

Recientemente estrenada en el festival de Berlín en donde ganó el Oso de Oro, Jafar Panahi, (El Círculo) protagoniza una película que pone el foco en un retrato de Teherán a través de distintos viajes en taxi.

Taxi

(2015)

Con un estilo similar al de Abbas Kiarostami (El sabor de las cerezas), está claro que Jafar Panahi decidió desde un primer momento que su película refleje la vida y los habitantes de Teherán, ¿Y que mejor modo de hacerlo que dentro de un taxi? Funcionando tanto de chofer como de director, este cumple la doble función de observador y taxista optando por llevar a los personajes más variados, que van desde dos mujeres que necesitan llegar al puerto antes del mediodía para arrojar unos peces al agua, hasta su propia sobrina, quien se convierte en su asistente y aprendiz.

A través de un registro documental, el director prioriza los diálogos y la cercanía que genera con cada uno de los pasajeros, optando por una cámara “desprolija” (en muchas ocasiones plano secuencia) y colocándola en distintos lugares del vehículo. Su sobrina, quien también busca filmar su primer cortometraje documental, se encuentra en busca de retratar situaciones atractivas para ella, en este caso desde una mirada inocente propia de una niña de 10 u 11 años, generando así una dupla interesante con su tío.

Salvando las diferencias, no podemos negar que tiene un poco del reality Confesiones en el taxi de HBO, en donde los habitantes de Nueva York perdían sus inhibiciones sin imaginar que estaban siendo filmados. Aquí por supuesto, los pasajeros son conscientes del artificio de la cámara. En la película el taxi es quien funciona como único hilo conductor entre situación y situación y con la excepción de algunos cuestionamientos generales sobre el robo en Teherán, las temáticas abordadas varían la una de la otra.

Taxi se convierte en un ejercicio cinematográfico que consigue su objetivo de invitarnos a conocer la vida en Teherán al natural, sin efectos ni postproducción. 

7.0

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