Ezequiel Obregón
22/07/2015 00:01

Para los (muchos) seguidores de la filmografía de Lars von Trier, esta semana se cumple con el auspicioso estreno de su última película, tras las proyecciones de Anticristo y Melancholia. Nymphomaniac (2013) lleva la marca de la controversia caracteriza al realizador; en esta oportunidad, para revisar la vida de una adicta al sexo.

Nymphomaniac

(2013)

Es de noche y hace frío. En un callejón reposa, sobre el piso, el cuerpo de Joe (Charlotte Gainsbourg), quien recientemente ha recibido una golpiza. De forma casual, el anciano Seligman (Stellan Skarsgard) la ve, se acerca, y le brinda cobijo en su casa. Este encuentro posibilita el relato de la biografía de Joe, que se propone explicar por qué es una mala persona.

Dividida en dos volúmenes y con el corte final del director, lo que narra Nymphomaniac es una vida marcada por una sexualidad descarnada. Desde el descubrimiento del clítoris a los dos años de edad hasta la adultez, la película presenta en ocho capítulos un tour de force de secuencias mórbidas, extremas, en donde se profundiza sobre la conciencia de una mujer que hace del sexo su modo de vida. El hecho de que la biografía esté enmarcada en el encuentro con el anciano, habilita una serie de analogías religiosas, artísticas y filosóficas que, cual diálogo socrático, producen una serie de reflexiones sobre la naturaleza del amor y, claro, del sexo. Algunas de esas reflexiones aspiran a la profundidad y otras, en cambio, rozan el ridículo. Pero hay algo “noble” en esta alternancia, y es la manera en la que Von Trier va por “todo o nada”, asume el riesgo de caer en el ridículo, y se toma poco más de cinco horas para llevar su propuesta al extremo.

Joe está interpretada en su etapa más juvenil por Stacy Martin, a quien habrá que seguirle los pasos. Como ya es costumbre en el cine de Lars von Trier, integran el elenco un selecto grupo de estrellas (Shia LaBeouf, Christian Slater, Willem Dafoe) que aspiran a tener su lugar dentro del “cine de autor”. Más allá de la estelaridad de quienes componen el casting, las elecciones son más que pertinentes, y se destacan Uma Thurman como una esposa despechada y Jamie Bell como un joven que introduce a Joe al universo sadomaso.

La película consigue fascinar por la crudeza de sus imágenes, y a diferencia de lo que ocurría en Anticristo, aquí el sexo explícito cumple un rol importante, dado que genera un distanciamiento que ubica al espectador en el rol del anciano; el material sexual no aspira a erotizar. Por el contrario, genera una rispidez que singulariza aún más a la ninfomaníaca. Esta operación estética y narrativa sirve también para hacer más lúgubre al personaje, darle credibilidad, teñirlo de una pátina solitaria que en el rostro de Gainsbourg encuentra su realización perfecta.

Película episódica y desmesurada, y por eso irremediablemente irregular, Nymphomaniac cuenta con un cuidado tratamiento visual que se aleja del manierismo al que el realizador cedió en otras películas. Es un relato crudo y a la vez hipnótico, que incomoda al espectador al tiempo que lo envuelve en la sordidez de un cuerpo atravesado por la pulsión sexual.

8.0

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