Rolando Gallego
13/07/2015 23:32

Nueva adaptación cinematográfica del universo de John Green, en este caso Ciudades de papel (Paper Towns, 2015), que bucea en la importancia del amor y la amistad en momentos claves de la vida de los adolescentes en la llamada “generación de la identidad”.

Ciudades de papel

(2015)

Con una estructura narrativa que reposa la cámara en momentos claves de los protagonistas, el director Jake Schreir va desentrañando la historia de Quentin (Nat Wolff) y Margo (Cara Delevinge), amigos y vecinos desde la infancia, quienes por las vueltas de la vida dejaron un día de hablarse.

Un día, casi sin imaginárselo, Margo vuelve a la vida de Quentin, pidiéndole que la acompañe en un plan descabellado de venganza. En esa noche en la que las bromas proliferan, Margo y Quentin se vuelven a conectar, y él entiende una vez más el por qué del amor profundo que siente por su vecina. Pero al otro día, después de la venganza, la joven una vez más ha desaparecido de su casa, y, aparentemente, esta vez para no regresar. Hilando cabos e indicios, Quentin decide recorrer grandes territorios para poder así, y de una vez por todas, determinar si es Margo la mujer de su vida o si directamente debe dirigir su atención hacia otro lugar.

Quentin no estará solo, lo acompañarán Radar (Jesse Smith, Jr.) y Ben (Austin Abrams), deciden ayudarlo en su cruzada de rastrear en los mapas a Margo hasta llegar a alguna de las “ciudades de papel” (pueblos ficticios creados con el fin de evitar las copias de mapas) en las que la joven espera, o no, a Quentin. También se sumará al trío Lacey (Halston Sage) y la novia de Radar, Ángela (Jaz Sinclair), quienes conforman el universo para este viaje iniciático donde la música brinda el marco ideal para la aventura y la amistad.

A simple vista Ciudades de papel puede ser leída como una comedia estudiantil más, pero posee una estructura narrativa tan sólida, como las de las grandes comedias de John Hughes de los años ochenta, que termina elevando de superficial a entrañable a una película que por su espíritu nostálgico y old fashioned style genera un disfrute inesperado.

Cara Delevinge posee un carisma y una atracción a la pantalla únicos, que aún estando durante pocos minutos expuesta a la cámara, porque lo demás son evocaciones o menciones mientras la buscan, genera una contundencia en su interpretación única, al igual que Nat Wolff (quien ya había demostrado en papeles anteriores su potencia), dos jóvenes a los que tendremos que estar atentos en sus próximos trabajos luego de este film.

7.0

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