Rolando Gallego
29/05/2015 17:52

Tomando como punto de partida la leyenda de la plata yvgyuy, que habla de tesoros escondidos hacia finales de la Guerra de la Triple Alianza por parte de Paraguay para evitar que sean usurpados por los invasores, el realizador Hérib Godoy produce en Latas vacías (2015) un film de suspenso y realismo mágico que sorprende por su simpleza narrativa y solidez temática.

Latas vacías

(2015)

Con un reciente paso por el Marché du Film de Cannes, y el orgullo de ser una de las primeras producciones ovetenses guaraníes, el film se enfoca en un grupo de personas que siguiendo con la tradición de buscar esos tesoros escondidos pasan sus días haciendo pozos en la tierra colorada.

La marginalidad de sus vidas y el entorno propenso al conflicto y la violencia no hacen otra cosa que potenciar el egoísmo y la indiferencia entre los habitantes del pueblo. Pero cuando el hermano de Alfonso (Aníbal Ortíz) es asesinado por un puñado de dinero, la obsesión por conseguir el tesoro, desatendiendo a la maldición que tras esas monedas de oro se esconde, se volverá una meta inalcanzable a pesar de sus esfuerzos. Un día, aconsejado en medio de un encuentro casual con uno de los mafiosos de la zona, Alfonso detecta el lugar en el que probablemente la mitología se termine y el encuentro definitivo del dinero sea una realidad. Desde allí el alma del fantasma en pena que fue asesinado en el pasado tras enterrar el tesoro, acosará a Alfonso y sus allegados hasta el punto de volverlos locos.

Hérib Godoy utiliza el misterio para profundizar el concepto de amenaza, de lo ominoso que no se ve pero que a partir del indicio de un sonido o un movimiento en el medio del bosque puede ejercer el terror en Alfonso, pero también en cada uno que toque o quiera quedarse con el botín antiguo.

La lengua extraña como objeto de discurso, como así también la atmósfera rústica y unas actuaciones naturales, hacen que en la ambición por traspasar la clase, por dejar el triste mundo de la pobreza, lleven la narración hacia un lugar insospechado y que evoca a grandes clásicos del cine de terror sin ser Latas vacías un film propiamente de género. Porque se desprende de su visionado otro tipo de lectura más allá que la superficial, con una idea de progreso desde la predestinación que trasciende cualquier tipo de lectura unívoca que se haga del filme.

El director filma con extrañamiento lo que cuenta. Apunta su cámara para mostrar rutinas y desestructurarlas. Construye personajes estereotipados, el malo malo, la mujer fácil, el joven soñador, el hombre perdido en sus propios pensamientos, que terminan construyendo un universo fácil de generar empatía con el espectador.

Este es uno de los puntos más interesantes de una propuesta simple, que trabaja sobre un misterio del pasado, evocado para poder narrar la búsqueda del destino y el progreso a través de la simple iniciativa de desenterrar una fortuna, maldita en este caso, pero que igualmente termine por convertir a un perdedor en un afortunado.

7.0

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