Emiliano Basile
26/04/2015 03:18

La casa del lago (The Lake House, 2006) marcaba hace nueve años el debut de Alejandro Agresti (Valentín, El viento se llevó lo que, El acto en cuestión) en Hollywood, augurando un prometedor futuro. Se suponía que el director argentino después de esa apenas correcta película romántica con Keanu Reeves y Sandra Bullock, tendría la oportunidad de explayar en su nueva producción en inglés sus líneas autorales. Nadie pensaba que su siguiente película sería la desmedida No somos animales (2015).

No somos animales

(2015)

Filmada hace tres años y medio, la película no pudo estrenarse comercialmente por “problemas contractuales”, y se vio en el 17 BAFICI. El film cuenta con la actuación de John Cusack, quien figura como co-autor del guion. Aparece también Al Pacino y el mismísimo Alejandro Agresti. La idea es la ya clásica película dentro de la película: un director convoca a un equipo a realizar una película que experimente con el lenguaje cinematográfico. La historia se improvisa, se va filmando la misma gestación de las escenas, reflexionando sobre ellas, y nunca teniendo una versión definitiva de qué se va a rodar o aquello que quiere decirse al respecto.

La forma cinematográfica nos recuerda rápidamente a En busca de Ricardo III (Looking for Richard, 1996) de Al Pacino, Fellini 8½ (1963) de Federico Fellini o Adiós al lenguaje (Adieu au langage, 2014) de Jean-Luc Godard. El problema aquí es que Agresti no es ni William Shakespeare, ni Godard ni mucho menos Fellini. Es apenas un director con una interesante propuesta en sus films realizados en Argentina, que se despacha con un ambicioso y experimental proyecto con actores de renombre.

Para colmo de males se mezclan en la película reflexiones banales acerca de la última dictadura militar argentina y la relación de la sociedad con los desaparecidos y, del mismo modo, la visión de los norteamericanos acerca de la gestión del presidente Obama con respecto a su política exterior. Todo lo que vemos en escena parece caprichoso y antojadizo, no hay profundidad ni sentido en ninguna de las búsquedas (formales, temáticas) que la película delinea. A John Cusack se lo ve tan perdido como a su personaje, como preguntándose “¿qué hago acá?”.

La película está filmada en su mayor parte en Argentina y es un rally por espacios emblemáticos de Buenos Aires contrapuestos por la visión extranjera. En esa mezcla de puntos de vista, aparece tímidamente el universo autoral de Agresti, mostrando con ironía ciertos tópicos del subdesarrollo. Sin dudas lo mejor de la película.

Lo nuevo del director de Buenos Aires viceversa (1996) es una película sin rumbo ni brújula. Pretensiosa y egocéntrica (con Agresti como el director estrella que no encuentra su película en rodaje) para no terminar diciendo nada en concreto. Si bien algunas ideas pueden ser interesantes, es la extrema ambigüedad la que produce desconfianza en la claridad de intenciones del realizador.

4.0

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