Ezequiel Obregón
25/04/2015 19:45

La calle de los pianistas (2015), documental del realizador Mariano Nante, ingresa en el universo de Natasha Binder, prodigiosa pianista de tan sólo 15 años, heredera del talento familiar y vecina de la gran Martha Argerich.

La calle de los pianistas

(2015)

Lyl Tiempo es la primera en la generación de una familia de grandes pianistas, de esas que brillan por cada una de sus interpretaciones y viajan por el mundo entero. Su hija, Karin Lechner, y su nieta, Natasha Binder, la sucedieron ejemplarmente. Pero más allá de la cualidad “hereditaria”, el documental de Mariano Nante, La calle de los pianistas, no deja de demostrar que hay todo un trabajo detrás; el talento es apenas un puntapié. Natasha es el foco de interés, y cada uno de los pasos “hacia atrás” en el tiempo revela las diversas capas de sentido que se adosan al oficio: la pasión por el arte, la búsqueda de trascendencia, el respeto al público y, finalmente, la postergación de muchos anhelos personales.

Este documental tiene varios méritos, y uno de los principales es ingresar en la vida de las tres pianistas con una cercanía notable, que en ningún momento se revela artificial. Cada diálogo, cada gesto, cada ensayo (con la consabida “prueba y error”), produce un destello de verdad. El piano, omnipresente, es entonces un elemento de aristas polisémicas, y si al comienzo se nos revela como un objeto extraño (al menos, para quienes no somos frecuentes espectadores de conciertos), poco a poco deviene en un objeto querible.

La calle de los pianistas no tiene misticismo, ni tampoco sacraliza la labor musical; los viajes apresurados, el trabajo intenso, la lejanía de los afectos, también forman parte de la vida de Binder, su madre y su abuela. El film comienza con Binder a punto de tocar un concierto y esta secuencia se cierra hacia el final. Se resalta, entonces, la mirada sobre el proceso y no sobre el producto. También hay apariciones de otros pianistas “notables”, entre los que se destaca Martha Argerich, vecina de los Tiempo en Bruselas, epicentro del documental. Quien se sumerja en este delicado film, saldrá de la sala con una mirada renovada sobre el trabajo de los grandes pianistas, acaso más humana y –por qué no- menos afectada.

8.0

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