Emiliano Basile
25/04/2015 12:55

Tras la pantalla (2015) transcurre unos años atrás, cuando el distribuidor asociado al cine argentino Pascual Condito, salió en los medios reclamando acciones que defiendan al cine nacional ante la desigualdad de competencia con los blockbusters de Hollywood. La lucha presagia el fin de una era, de un tipo de distribución y exhibición de films y con ellas, de un hombre que supo construir su imperio (Primer Plano Film Group) en la calle Riobamba.

Tras la pantalla

(2015)

El documental de Marcos Martínez no es exactamente una biografía sobre Pascual Condito como se supone. Es una descripción del hombre en su actividad diaria: su lucha por defender al cine argentino mientras añora tiempos pasados. Pero la película de manera muy inteligente toma distancia de la pasional defensa de su homenajeado, y se atreve a mirarlo con desconfianza, contraponiendo su punto de vista al de diversos amigos de la industria que lo visitan en sus ex oficinas. Raúl Perrone, Fernando Martín Peña, Lisandro Alonso, y Marcelo Piñeyro, entre otros, conversan y dejan su punto de vista sobre la supuesta debacle del cine argentino que anuncia el distribuidor. Quién mejor explica la situación es tal vez el director de Tango feroz, la leyenda de Tanguito (1992), “Desde que tengo memoria siempre el cine nacional está en crisis. Lo que cambió fue la manera de entender la distribución”. Las palabras muestran coherencia e indican la necesidad de adaptarse a las nuevas normas del mercado. Condito, fiel a su reputación, quiere morir con la suya.

Si el primer personaje que describe la película es Condito, el segundo es claramente su ex oficina. Las primeras imágenes de Tras la pantalla muestran el derrumbe del edificio, para luego retrotraer las imágenes al tiempo del ocaso del distribuidor y la multiplicidad de objetos y recuerdos que habitan en el lugar. El aire melancólico se apodera del documental, evocando tiempos pasados siempre mejores.

Pascual Condito es un personaje que merece su película y es en torno a él, su accionar y su divertido modo de comportarse que funciona el film. Su actitud pasional, por momentos infantil, por momentos irracional (“Hoy me quedo a dormir acá” cuenta a su familia entre escombros ante la demolición del edificio), generan empatía con el hombre. Aunque el verdadero tema es el fin de una forma de ver y entender la distribución de películas que su figura (y edificio) representan.

El hombre que vino de pequeño a la Argentina desde su Calabria natal -y que la distribución de cine argentino lo reinventó como él mismo dice-, se resiste a modificar su actitudes del mismo modo que cualquier persona de sesenta años. Con ese temperamento de lucha, Condito se muda a Chacarita con su oficina, y vuelve a comenzar. Aquello que se siente un final, es simplemente un reposicionarse para volver al ruedo. Hoy, la distribuidora Primer Plano sigue existiendo, y la placa final anuncia la producción de una miniserie para televisión sobre la vida Pascual Condito.

7.0

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