Benjamín Harguindey
24/04/2015 13:27

“El cáncer es al hombre lo que la sal es al metal”. De ahí sale el intrigante título de Cáncer de máquina (2015), un documental sobre la inclemencia de las salinas en las vidas de los habitantes de Médanos y las máquinas con las que cosechan la sal. Es lento, se ve bonito, a veces poético y hace un muy buen trabajo en capturar el aburrimiento de “vivir en la nada”, como lo pone una de las personas entrevistadas.

Cáncer de máquina

(2015)

El documental es el debut largometraje de Alejandro Cohen Arazi y José Binetti. Se lo describe como una película de “ritmo hipnótico”, lo cual es una observación apta aunque sumamente desafortunada si la tomamos a pie de la letra (hipnosis, hypnon, dormir). El ritmo es tan hipnótico como moroso, principalmente porque el film tiene un único punto para hacer acerca del tema que trata, y condice con la opinión popular de que el mundo bucólico es lento y aburrido.

La película empalma las entrevistas con los cosechadores y sus familias con time-lapses de nubes y algunos excursos poéticos pero obvios acerca de la erosión del entorno y la indiferencia de una naturaleza que todo lo corroe (las abejas polinizan flores, los sapos cazan insectos, las hormigas devoran el cadáver de un loro, etc). Hay algunas imágenes visualmente impresionantes, como la manada de camiones y tractores que impersonalmente recorren el desierto escupiendo y recolectando sal. Aquí los directores espejan muchas imágenes, multiplicándolas y reforzando la idea de una industrialización salvaje.

A fin de cuentas Cáncer de máquina boceta con precisión un mundo tradicionalmente escondido en candilejas. Sus directores han logrado hacer exactamente lo que pretendían, de la forma en que lo pretendían. No hay puntos demasiado interesantes ni reflexiones asombrosas ni grandes descubrimientos, excepto que Médanos es el hogar de la Fiesta Nacional del Ajo. El resultado es una película hipnótica – en todos los sentidos.

6.0

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