Rolando Gallego
24/04/2015 11:10

Camila (Paula Carruega), la protagonista de Idilio (2015), de Nicolás Aponte A. Gutter, está enamorada de Martín. A pesar que la relación es un poco complicada -él está de novio con otra- ella apuesta a la pareja porque cree que su amado dejará a su mujer y entonces, el idilio, durará para toda la vida.

Idilio

(2015)

Cada vez que menciona a Martín, en las largas charlas que mantiene con su amigo (Manuel Novoa), sus ojos brillan y una sonrisa se le dibuja de oreja a oreja. No por nada el primer capítulo del film (de seis) se llama “Hecha una tarada”.

Nicolás Aponte A. Gutter narra el derrotero amoroso de Camila a partir de una estrategia discursiva particular. Sin llegar a ser un “video diario” la película escoge la pseudo entrevista (3/4 perfil) entre Camila y su amigo, porque sabe que en el ejercicio con Carruega podrá transmitir todas las emociones del caso sin siquiera mover la cámara delante de ella.

Justamente Idilio basa su relato en la narración en primera persona de los encuentros y desencuentros entre la protagonista y su pareja en una constante oralidad y presencia. No hay otro recurso más que éste, y curiosamente al contrario de lo que se pueda llegar a pensar, es su gran hallazgo.

La separación por capítulos está determinada por canciones de artistas de la talla de Blondie o Laura Branigan, que describen el momento que Camila cuenta de su historia, sumando una herramienta más para diferenciar las etapas de la relación y que permite compenetrarse con el relato.

El fuera de campo es un agujero negro del que no sabemos nada hasta entrada la sucesión de imágenes. El qué hay del otro lado (excepto en un momento en el que se muestra), es una indeterminación que refuerza la ausencia de otros protagonistas, haciendo hasta dudar de si existe o no el tal Martín.

El diálogo coloquial y simple, las ocurrencias que cuenta (imperdible la anécdota sobre Psicosis), como así también la expresividad con la que la actriz transmite las emociones de cada una de las etapas de la relación, potencian el interés y la empatía que Camila logra con la cámara y el espectador.

Claro está que la pareja pasará por diferentes estadíos y así Idilio, se presenta casi como un diario íntimo sobre una mujer que intenta seguir creyendo en una relación que no tiene futuro, y que pese a los consejos de su amigo, (quien escucha el relato), será en la crudeza de las imágenes con la sobre exposición de la joven enamorada, que se genera un vínculo casi instantáneo con ella y con cada comentario que realiza sobre su “enamorado”.

7.0

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