Juan Pablo Russo
24/04/2015 00:05

Desde su debut en Caja negra (2002) que Luis Ortega no para de sorprender en cada una de sus películas. No solo por las historias que elige, lo diferente de cada una de ellas, sino también por los mecanismos que utiliza para ponerlas en escena. Y con Lulu (2014), sin ninguna duda, llegó a la cúspide de la consagración como uno de los cineastas más arriesgados, intensos y viscerales de su generación.

Lulu

(2014)

Lulu (juego de letras que hace referencia a sus dos protagonistas) narra el derrotero que sufre una pareja de jóvenes marginales. Lucas (una impresionante actuación de Nahuel Pérez Biscayart) y Ludmila (Ailín Salas) habitan en una casilla abandonada en la zona de Recoleta (contraposición de la riqueza con la miseria). Ella, aunque puede caminar perfectamente, no se desprende de la silla de ruedas que tuvo que utilizar producto de un disparo recibido en el pecho. Él, que anda siempre con un arma tirando tiros al espacio, recoge huesos de las carnicerías en un camión conducido por Daniel Melingo.

Lulu está poblada de personajes extraños para el cine argentino pero de esos que vemos deambular por la ciudad sin sorprendernos, seres en estado de marginalidad pura, habitantes de las calles, que pareciera pese a todo que no han perdido la alegría. Cantan, bailan, juegan. Para ellos la vida es eso. Da la sensación de que a su modo son felices o al menos lo aparentan. Y la virtud es que los retrata sin regodearse en sus miserias.

El cine de Luis Ortega es indescriptible. Está plagado de sensaciones por las que hay que dejarse llevar. No hay explicaciones lógicas en las formas de actuar de sus personajes pero tampoco deben cuestionarse. Hay cierto "surrealimo realista" en la forma elegida para contar las historias. Lulu tiene referencias a Los cuatrocientos golpes ((Les quatre cents coups, 1959) y a Pierrot el loco (Pierrot le fou, 1965), pero también al cine de Leonardo Favio en Crónica de un niño solo (1964). Y es justamente de las formas de ese gran director que Ortega se alimenta. La construcción de cada plano es memorable y no solo por la concepción artística sino también por lo simbólico.

De una belleza plástica increíble, con una fuerte carga ideológica, Lulu tiene la mejor escena que el cine argentino haya dado en mucho tiempo. Un policía rescata a un bebe robado y con total naturalidad le da su arma para que juegue mientras lo llevan a su casa. Metáfora cruda sobre el nacimiento de la violencia. Si eso no es tomar riesgos en cuanto a formas y contenidos entonces hablemos de otra cosa.

9.0

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