Juan Pablo Russo
22/04/2015 18:22

La obra de Jonathan Perel es consecuente en cuanto a los temas que lo inquietan: memoria-espacio y la tensión que se da entre el pasado y el presente. Si en El Predio (2010) ponía su cámara en la Esma mientras se convertía en museo, en 17 monumentos (2012) focalizaba sobre aquellos monumentos que por ley se construyeron en los centros clandestinos de detención.

Toponimia

(2015)

En su nueva película Toponimia (2015), disciplina de la onomástica que consiste en el estudio etimológico de los nombres propios de un lugar, viaja al oeste tucumano para retratar cuatro pueblos fundados después del Operativo Independencia con el objetivo de desarticular el poder de la guerrilla. De esta manera se concentraría a la población rural dispersa en un mismo espacio y se los tendría bajo control.

Perel divide Toponimia en cuatro capítulos que harán referencia a cada uno de los pueblos fundados sobre terrenos donados, por miembros de la burguesía tucumana o empresas, a la gobernación en favor de la causa. Cada capítulo es presentado con primeros planos de documentos en los que se hace referencia a la donación y a la planificación de cada uno de los pueblos que llevará el nombre de un militar muerto durante los enfrentamientos.

Tras esa presentación, Perel empezará a recorrer con una cámara fija y sin ningún tipo de diálogo, más que el sonido ambiente, cada uno de los espacios que definen a cada pueblo. A lo largo de cada capítulo veremos que la similitud entre todos será casi idéntica. Con una planificación arquitectónica pensada en serie y con referencias permanentes a la junta militar que aún perduran en el tiempo.

La diferencia entre Toponimia y las otras películas de Perel radica en que las anteriores contrastaban pasado y presente con una mirada de cambio hacia el futuro (la Esma convertida en Museo de la Memoria, los centros clandestinos  en monumentos), mientras que en esta mira un pasado que sigue estando presente sin posibilidad de cambio alguno.

7.0

Comentarios