Rolando Gallego
17/04/2015 08:48

Fernando Sarquís produce en Miramar (2015), un film íntimo que toma el mundo de un pequeño núcleo familiar que intenta superar algunas diferencias a través de la imagen establecida y sólida de su joven hija llamada Sofía (Florencia Decall). Pero todo se quiebra cuando reciben un llamado para Sofía, en el que confirman la obtención de una beca para poder estudiar en la ciudad de Buenos Aires, como lo han hecho la mayoría de sus amigas de la escuela secundaria.

Miramar

(2015)

En la solitaria ciudad balnearia mediterránea que da nombre al film, Sofía dedica más horas al trabajo de empleada en el emprendimiento familiar (cocina, limpia y atiende a los huéspedes de una hostería), que a su propia condición y pasión artística: la pintura.

Entre esas tareas y visitar cada tanto a su padre internado en una clínica, sus inquietudes y anhelos se trastocan cuando un misterioso huésped, Javier (Maximiliano Gallo), llega a su vida con un halo de misterio que la empuja a relacionarse con él. A partir de ese momento Sofía intenta determinar si lo mejor que le puede pasar es viajar a la gran ciudad para estudiar o quedarse en Miramar cumpliendo a rajatabla con los mandatos familiares y, tal vez, estar junto a Javier. Entre caminatas por la playa y el acompañamiento mutuo, se le abren posibilidades a su presente, algo a lo que no puede negarse pero tampoco escapar.

Fernando Sarquís narra dosifica los detalles y profundiza en el personaje principal con soltura y enamoramiento, algo que también se puede vislumbrar en cada plano que hace de Sofía, regalándole no sólo el protagonismo del film, sino también una poiesis única para generar las imágenes de ella. La excusa de la ciudad balnearia, en realidad, le da el marco para que sus personajes deambulen en el desolado lugar, lleno en época de vacaciones de verano. La naturaleza presente, además, dota de un aire necesario para contrastar con el encierro y opresión que la joven siente durante el día con las muchas tareas y funciones que desempeña en la hostería.

Javier es presentado como un joven “perdido”, que en vez de encontrar las respuestas que fue a buscar al lugar, se encuentra frente a un sinfín de situaciones descontracturantes que le hacen reflexionar sobre sí mismo y un pasado que lo acecha. Miramar habla de posibilidades, de sueños, de deseos, principalmente de los cuerpos jóvenes, en contraposición con las postergaciones y las promesas de cambio de los adultos. El director resaltar la soledad de un espacio. “Acá no pasa nada” le dice Sofía en una de sus primeras charlas a Javier.

Sarquís aprovecha la llegada del “extraño huésped” para quebrar el letargo de Sofía y sus padres, pero también para reflejar en esta historia el derrotero de cientos de miles de jóvenes que todos los años migran hacia otras ciudades buscando cambiar sus realidades en pos de sus sueños.

7.0

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