Benjamín Harguindey
15/04/2015 13:53

Una joven pareja pelea y pelea en El incendio (2015). Empiezan peleando, terminan peleando, y en el medio pelean otro poco. La película es un gran momento de crisis, sostenido muy bien a lo largo de un solo día por la dirección de Juan Schnitman y las interpretaciones de Pilar Gamboa y Juan Barberini, pero el conflicto evoluciona de manera predecible y no llega a ningún lugar particularmente ingenioso.

El incendio

(2015)

La película comienza con la joven pareja, Lucía (Gamboa) y Marcelo (Barberini), compartiendo un idílico despertar y manoseándose de una forma entre violenta y juguetona, lo cual contrastará con el grotesco de más adelante. Es el día en que compran una casa. Se atan fajos de dólares a los muslos como criminales, emergen de la carcelaria bóveda del banco y camino a finalizar el trámite reciben la llamada que lo comienza todo: la compra se pospone para el día siguiente.

¿Qué hacer? Han embalado y empaquetado todo en casa, y la idea de tener el dinero en casa los pone neuróticos. ¿Dónde lo esconden? ¿Quién queda a cargo? Ambos regresan a sus respectivos trabajos, pero tienen la cabeza en otro lado y quedan vulnerables a percances cotidianos que normalmente sabrían reducir, pero por esta vez no tienen la paciencia o la sensatez para hacerlo. Lucía comienza a tener brotes de estrés, y Marcelo lidia con su faceta agresiva. Comienzan a sospechar uno del otro, y a desquitar sus frustraciones uno con el otro, cada vez más y más violentamente.

Y con eso se resume más o menos la historia, que no ofrece grandes giros, reveses, cambios en las reglas de juego o demás hechos inesperados. Lucía y Marcelo, a pesar de estar excelentemente caracterizados por los actores, no son personajes particularmente complejos y no hacemos grandes averiguaciones sobre su carácter, el cual se encuentra visiblemente planteado desde el principio. Sus aflicciones se presentan con rotunda evidencia y en cierta medida la película a veces se siente reiterativa.

De hecho El incendio podría contarse fácilmente en menos tiempo, y prueba de ello son ciertas escenas que no agregan nada a la trama. Por ejemplo, Marcelo hace una breve visita a su hermano en un inútil momento de distensión. Y hay una escena de 10 minutos en la que la vitriólica pareja tiene sexo brutal. No dice nada ni cambia nada ni condice con el personaje de Lucía, pero ahí está, en imitación a todas las otras esotéricas escenas de sexo pasivo-agresivo en la historia del cine.

El incendio nunca termina de alzarse al nivel de la expectativa generada por las escenas iniciales, y dentro de todo ofrece un recorrido bastante lineal que termina en un lugar común. Así como evade errores, la grandeza se le escapa al no arriesgarse por otra cosa que no sea lo obvio.

7.0

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