Ezequiel Obregón
25/03/2015 20:30

En la noche del 20 de diciembre de 1989 Estados Unidos invadió la República de Panamá, con la intención de derrocar al General Manuel Antonio Noriega. Invasión (2014), el documental de Abner Benaim, indaga en los recuerdos de una amplia cantidad de panameños sobre aquel episodio.

Invasión

(2014)

Curiosa es la forma en la que trabaja la memoria, de a ratos selectiva, por momentos esquiva; disruptiva por naturaleza y cada vez más preciada a medida que envejecemos. Qué decir entonces de la memoria colectiva, la abstracción de una abstracción. Abner Benaim se propuso indagar en la memoria de su pueblo, Panamá, en torno al derrocamiento de Manuel Antonio Noriega instrumentado por Estados Unidos, país con el que curiosamente había mantenido estrechos lazos merced a su afinidad con la CIA. El realizador se propone un retrato caleidoscópico; su cámara registra un puñado de testimonios de panameños de distintas edades, ideologías, y procedencia social. Cada uno de ellos rememora esa noche que selló a fuego el destino del país. Hay, como es de esperar, contradicciones, datos inconexos, miradas a favor y en contra de la invasión.

A Benaim no le interesa tanto investigar o exponer las causas reales de la invasión, vinculada al control del Canal de Panamá, centro neurálgico en el tránsito oceánico americano; tampoco se propone hacer una investigación “puertas adentro” sobre cómo se cuestionó a posteriori a Noriega, condenado por narcotráfico y otros delitos, prisionero durante 24 años. Más bien, su documental hace foco en las figuras aprobadas y reprobadas a nivel comunitario; qué se ha decidido preservar colectivamente y qué se ha omitido. Su tesis, tal vez, se expone de manera innecesaria: la invasión ya no le interesa a nadie (aunque, veremos, tan así no es).

No termina de resultar muy convincente la idea de exponer al equipo técnico del documental, como si la trastienda mereciera ser graficada. Basta con la cualidad plural de los testimonios para comprobar la espontaneidad con la que éstos han sido seleccionados. No es muy coherente que un trabajo cuyo objetivo es trabajar a partir de los recuerdos recurra a la representación.

Es tan potente ese racconto de imágenes aludidas discursivamente que, hacia el final, cuando Invasión apela a la memoria de políticos o civiles más involucrados en el entorno de Noriega, tenemos la sensación de que allí debía empezar una segunda parte. No obstante, con la “primera” basta y sobra, y es pertinente decir que la película de Benaim guardará bienvenidas analogías con la realidad histórica argentina; disímil, desde ya, pero proclive a ser pensada desde la aceptación y el revisionismo, o el olvido.

7.0

Comentarios