Emiliano Basile
23/02/2015 17:40

Promocionada felizmente como “el primer thriller vegano de la historia del cine”, Naturaleza muerta (2014) es una película divertida y original al presentar a un grupo de vegetarianos como fanáticos religiosos. El tema, llevado al ridículo, se intercala con muy buenas herramientas de realización a la hora de construir un relato que tiene todo lo que un film de terror debe tener.

Naturaleza muerta

(2014)

La ópera prima de Gabriel Grieco, presentada en el Festival Internacional de Cannes (Francia) abriendo el ciclo “Midnight Galas” (muestra de películas latinoamericanas del género fantástico y terror), cuenta la historia de una joven periodista de televisión (Luz Cipriota) que visualiza la oportunidad de obtener un ascenso, al investigar el paradero de la hija de un importante empresario ganadero, desaparecida en el interior del país. El pueblo al que se dirige se divide en dos: por un lado la familia Cotonese, amante de la carne, y por otro un grupo vegetariano radical que trata de convencer a cuanto humano se tope en el camino.

Enmarcada dentro del exquisito subgénero slasher, la película de Grieco utiliza muy oportunamente los elementos visuales con los que trabaja. ¿Qué mejor que mostrar tripas, sangre y desmembramientos en un ambiente que vive de la comercialización de la carne? ¿Qué mejor para horrorizarse de animales descuartizados que un grupo de ecologistas vegetarianos? Así planteados los opuestos, Naturaleza muerta instala la disputa y tensión en pantalla.

La primera mitad, la trama policial gira alrededor del misterioso asesinato, mientras que en la segunda se lanza definitivamente al slasher más duro. Grieco apela a recursos del terror ultra conocidos (la protagonista sexy y solitaria en un universo varonil, la filmación casera de la protagonista al meterse en una propiedad deshabitada, puntos de vista provenientes de la oscuridad, etc.) para estructurar un film que no sorprende pero funciona. Lo original de la película está en cambiar los tradicionales elementos y adaptarlos ingeniosamente: el silencio de un pueblo trasladado al interior del país, la locura irracional a la militancia de radicales grupos ecologistas y el horror de la mutilación de la carne a un universo de frigoríficos.

Naturaleza muerta tiene un sutil sentido del humor que se huele en cada extremo, donde las presencias de Juan Palomino y Nicolás Pauls como “hombres de campo vegetarianos” suman a una propuesta descabellada. Además, claro, de contar con uno de los psicópatas más icónicos de los últimos tiempos. Y no es un dato menor.

7.0

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