Benjamín Harguindey
27/11/2014 19:46

Partiendo de aquellas palabras de Ricardo Iorio – el gurú metalero que en una misma vida fundó las bandas V8, Hermética y AlmafuerteFederico Sosa nos lanza al mundo del realismo conurbano y las vicisitudes de tres jóvenes amigos que creen saber lo que quieren, pero no saben cómo conseguirlo.

Yo sé lo que envenena

(2014)

Chacho (Gustavo Pardi) quiere ser actor. La película abre con él en una audición intentando recitar (sin mucho éxito) el famoso monólogo de Iorio. “Encendí un cigarrillo y una tía mía dice, “¡Eso es veneno!”; yo dije “No, yo sé lo que envena…””. Regresa derrotado a la casa que comparte con sus dos amigos. Uno de ellos es Iván (Federico Liss), que tiene un problema con todos (los amigos, la novia, la banda) salvo con Iorio, a quien idolatra. El otro es Rama (Sergio Podeley), que se quiere curtir a la viuda del tipo que murió en sus brazos luego de ser atropellado en una intersección.

El monólogo de Iorio alude a que debajo de nuestra sociedad corre una ponzoña más poderosa y dañina que el veneno de un cigarrillo. Pero mientras que las palabras del metalero se concentran en el desvalor de la vida humana – nos habla de parejas maltratadas y bebés muertos – el veneno en la película de Sosa es la pérdida de identidad (nacional).

Chacho quiere ser actor, pero su único referente es Marlon Brando, y vacía las arcas de su gaucho padre laburante mientras pierde el tiempo con “castings” y “demo reels”. Iván quiere emular el metal nacional, pero el barrio se ha contagiado con bandas de afuera y su propia banda puja en esa dirección. Rama se encuentra en el medio. Es el amigo que pretende tirar la posta pero da pésimos consejos y siempre te deja pagando. Quiere conquistar a Lucy (Valeria Correa), y para ello decide interesarse en su trabajo veterinario y criar peces en una metáfora sacada de La ley de la calle (Rumble Fish, 1983).

La película pasa de un personaje a otro sin concentrarse demasiado en uno, aunque hacia el final es evidente que Chacho ha recorrido el camino más largo y oblicuo de los tres, y se convierte en la voz de la película, literal y figurativamente. Y la película es muy graciosa, por cierto. Los diálogos se sienten vivos y frescos y están editados de manera creíble; el lunfardo se oye bien en la pantalla grande y los personajes reaccionan espontáneamente a él. Tanto Sosa – escritor y director – como sus actores entienden perfectamente cómo piensan sus personajes, y de ahí que su habla sea verosímil y para nada forzada.

Yo sé lo que envenena (2014) es como una especie de Pizza, birra, faso (1998) menos fatídica y más cómica. Presenta un mundo nuevo y convincente y parece estar hablando por él. No se hace cargo de todos los problemas y las inquietudes que surgen a lo largo de su paso, pero es como le dice Chacho a Rama: “Tenés que hacerte cargo de tu estabilidad emocional antes de preocuparte por tu estabilidad económica”.

8.0

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