Lucia Roitbarg
27/11/2014 18:11

Diarios de Mendoza (2014) es un film que busca documentar, casi como un diario íntimo, una etapa de la vida de Lucía Mendoza, directora y protagonista del film. Lo que es llamativo es el tipo de registro que produce, más parecido a un video de YouTube que a una película. Esa indefinición es lo que explora Mendoza para conseguir un producto entretenido, novedoso y sincero, pero que no va mucho más allá.

Diarios de Mendoza

(2014)

Lucía Mendoza es una estudiante de la Universidad del Cine a quien le encargan un trabajo para la materia Dirección. Al parecer, de tono autobiográfico. Para ello recurre a exponer sus fracasos amorosos tratando de convocar a todos sus ex para que sean parte de este proyecto y, en especial, a Gonzalo, su último novio, por quien todavía llora. Lucía se vale de una cámara, a la que usa de confesora, y sus principales armas narrativas serán el Facebook y el Twitter, donde volcará sin filtro sus miedos, angustias y deseos en materia amorosa.

El tratamiento de la imagen parece no importarle a la directora, lo mismo que el sonido. La mayoría del tiempo la habitación donde ella se encuentra está apenas iluminada y su forma extraña de expresarse impide que el espectador entienda qué dice. Sin embargo, el público se entera de cada uno de sus posteos de Facebook, de los mensajes de texto con su ex novio, de sus relatos en Twitter. Esos medios de comunicación son los que terminan por construir este egocéntrico proyecto.

Casi sin quererlo Lucía capta la banalidad en la que los más jóvenes insertan sus vínculos actualmente, donde la mediación y exposición vale más que el trato cara a cara. Twitter, Facebook y el WhatsApp pueden ser así un mundo en sí mismo, a través del cual se vive, se sufre, se conoce gente, se viven ilusiones y decepciones, se hace catarsis y se transitan los duelos amorosos.

Diarios de Mendoza es una película que no busca calidad técnica. Su estética imita cualquier video autorreferencial que hoy se puede ver en Youtube. No tiene pretensiones por generar un análisis aunque sea mínimo sobre las relaciones. No hay un punto de vista crítico hacia ese vínculo enfermizo con las redes sociales tampoco. La película difícilmente resista un análisis argumental, pero no es tampoco su objetivo. En este video catártico Lucía Mendoza consigue lo que se propone: espontaneidad al exponerse ella misma con sinceridad, simpatía y algo de buen humor.

6.0

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