Rolando Gallego
25/11/2014 08:23

Si hay un tema urgente en la agenda de los ecologistas y que poco llega a los grandes medios es el de la tala indiscriminada de los bosques nativos. Y aún más urgente es el tema del intento de preservar no sólo la fauna y flora de la región, sino, también la cultura ancestral que la habita y que está siendo diezmada.

Gran Chaco

(2014)

De eso habla Gran Chaco (2014) de Lucas van Esso, que con un timming perfecto, vuelve a traer la problemática del desmonte en el norte del país, y que en forma de documental y focalizando en aquellos ítems sobresalientes, enfocándose, principalmente, en cómo se sigue arrasando bosques sin importar la legislación vigente que los prohíbe. La particularidad del film es que además hablará sobre una área específica y rica en biodiversidad como la del Chaco (no la provincia), que comprende un 60 por ciento en Argentina y el resto en Bolivia, Paraguay y, en menor medida, algo de Brasil y que no está siendo tenida en cuenta para su protección.

Gran Chaco es un film que profundiza sobre la directa injerencia que los desmontes indiscriminados está teniendo sobre la riqueza de la zona y a la que nadie está prestando atención o demostrando interés por cambiar el estado de las cosas. A través de entrevistas a diversos especialistas, productores, y hasta comunidades indígenas, se intenta contextualizar una problemática que afecta ya no sólo a la región del título, sino que directamente incide en el clima y el ecosistema general del país.

La película posee dos narrativas bien particulares que se enlazan, una que en la oralidad de los personajes busca la creación de un estado de cosas y puntualización, y por el otro lado, y quizás este sea el más interesante, la acción de los indígenas que habitan el lugar con la cotidianeidad de sus acciones. Es decir que para hablar de cómo los desmontes arrasan con el lugar Lucas van Esso apela a la recurrencia de la exposición de los indígenas para también sumar esa voz o testimonio que nunca tiene un lugar o participación en la discusión sobre el tema.

Los wichis, por nombrar sólo a una de las comunidades originarias representadas, trabajan noche y día para poder crear objetos o artesanías con las que pueden llegar a ganar algún dinero y así subsistir, y el director muestra esto con primeros planos y también el detalle de sus incansables y laboriosas manos en acción.

Los testimonios, con Adolfo Perez Esquivel a la cabeza, contundente en sus afirmaciones, no hacen más que reafirma aquello que con una imagen Van Esso intenta reflejar con un exceso de musicalización para apoyar algunas cuestiones, pero que a pesar de esto no le quita fuerza a su objetivo, el de generar conciencia sobre esta particular situación para que sean muchos más aquellos que defienden el ecosistema y el medio ambiente que los que lo dañan.

7.0

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