Benjamín Harguindey
23/09/2014 12:52

Ésta es una película infeliz, poblada por personajes infelices en circunstancias infelices. No hay un solo momento de resquicio en toda la cinta, excepto por la posibilidad de que una epónima voz en off ordene sus vidas. Lo que estas personas necesitan es pasar más tiempo a solas, y menos tiempo escupiéndose vitriolo, pero bueno, “la familia sea unida”.

La voz en off

(2014)

La voz en off (2014) trata sobre una familia de Valdivia, y cuan infelices son todos en ella. La protagonista es Sofía (Ingrid Isensee), madre divorciada de su propio gurú y recalcitrante naturista que ha hecho un “voto de desconexión” en un inútil intento por cultivar una paz interior que no tiene. Ni que haga mucha diferencia, porque tiene a sus hijos leyendo sus mails y enviando mensajes de texto por ella. Tiene 35 años y su carrera como actriz lleva muerta 5 años en el restaurante donde trabaja como camarera, y ni siquiera sabe tomar pedidos.

Ocurre que el divorcio de su hija inspira a su padre Manuel (Cristián Campos) a separarse de su mujer Matilde (Paulina García), a la zaga de la noche de fin de año. A Sofía no le causa gracia ser su fuente de inspiración. Esto convoca a la hija mayor, Ana (María José Siebald) y a su marido Antoine (Niels Schneider) de regreso de Francia por tiempo indefinido.

El desarrollo de los conflictos es desenfocado y aburrido, y no llegan a ningún lado. Sofía decide convertirse en locutora, emprendimiento que queda en la nada. Su amorío con un hombre casado queda en la nada. Sus hijos se maltratan en ciertas escenas, que también quedan en la nada. Ana presiona a su padre para que financie el proyecto de Antoine (traducir clásicos de la literatura a la lengua mapuche, “una inversión segura”) – también queda en la nada. Y hay por lo menos dos cuestiones médicas que son introducidas y prontamente desechadas.

Hablo de todas estas tramas subsidiarias porque es difícil identificar una central. Los personajes desperdician el tiempo hablando más que nada del padre – que si su sexualidad es una u otra, que si ciertos rumores de su pasado son ciertos, que si vuelve o no vuelve, etc. Resulta imposible interesarse por personajes tan repelentes y hastiados entre sí, comentando sobre la trama sin realmente meterse o influir en ella. Los más simpáticos son la matriarca de la familia, Mami (Shenda Román), alegremente desentendida del mambo familiar y disfrutando de una saludable relación con su nieta, y Paulina García como la mujer desdeñada, quien interpreta muy bien los sufridos círculos de la separación.

A falta de un fuerte conflicto central, el final resulta circunstancial. Abandona varias líneas narrativas y hace de cuenta que ha resuelto tantas otras, cuando la verdad lo único que ha logrado la película es terminar.

4.0

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