Rolando Gallego
16/06/2014 16:09

Ya en el arranque de la rumana Cae la noche en Bucarest (Cand se lasa seara peste Buscaresti, 2013), de Corneliu Porumboiu, está la clave de cómo acercarse a este film dentro del film.

Cae la noche en Bucarest

(2013)

Paul (Bogdan Dumitrache) es un obsesivo director de cine político empeñado en incorporar una escena de desnudo de la protagonista, Alina (Diana Avramut), y trata a toda costa de justificársela antes de registrarla. Alina no está muy segura de aceptarla, por lo que Paul deberá armar una estrategia discursiva extensa, en la que cuestiones personales comenzarán a rozar y pesar por sobre algunas particularidades que no se explicitan en el guión del film que se está por rodar.

Hay una larga discusión inicial arriba de un automóvil entre los protagonistas, primero sobre la belleza (cuerpo masculino versus cuerpo femenino) y luego sobre la predicción del fin del cine tal como lo conocemos hoy.

Esta extensa charla determinará la duración de cada una de las subsiguientes escenas que componen la película y la manera en que hay que verlas, ya que según Paul en los próximos años las películas pasarán a ser cosa del pasado, emergiendo algo similar, pero completamente diferente en cuanto a cómo las conocemos hoy y que se dará por el propio dispositivo técnico, que imposibilitará pensar historias concretas, ya que el digital extenderá la acción ad infinitum imposibilitando un sincretismo esencial a la hora de hacer cine.

Alina escucha atentamente a Paul, ella es la nueva musa de su último opus, que se está filmando con algunos contratiempos, y con el que ha empatizado quizás demasiado, porque en cada encuentro que Paul y Alina tienen se asiste a reflexiones filosóficas sobre la alimentación, el amor, la ontología de las relaciones y también sobre cómo una endoscopia puede llegar a marcar a fuego el ritmo de la filmación de un largometraje.

Alina y Paul comen, fuman, tienen sexo, y Corneliu Porumboiu coloca su cámara fija delante de ellos en cada uno de los espacios en los que la acción transcurre (el living de Paul, la habitación de Paul, la cocina de Paul, los restaurantes y bares de hotel, etc.) casi sin siquiera ellos notarlo. Voyeures eternos de situaciones particulares, sólo la irrupción de un tercero en escena rompe el efecto hipnótico que el director logra con su manera de argumentar/narrar casi siempre sobre lo mismo: la discusión sobre cómo hacer la escena del desnudo.

Mientras Alina sigue sin comprender la necesidad que tiene Paul de que se desnude en la pantalla, plantea algunos giros de acción sobre el script “yo puedo estar con la ropa interior puesta”, pero Paul le dice que no, que es imperante que su cuerpo desnudo reciba a lo lejos un estímulo sonoro y que su vestimenta luego se transforme en una coraza sobre los cuerpos ajenos. Ella duda, pero finalmente acepta, pero Paul sigue dando vueltas sobre qué es lo que realmente quiere contar: “me di cuenta que tomaste demasiado protagonismo y esto es un film político” y ya no sabemos si se lo dice por el romance que están llevando en paralelo al rodaje o por la película en sí. Y Corneliu Porumboiu no se detiene a explicarnos esto, porque ya sabemos la respuesta.

7.0

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