Emiliano Basile
30/08/2013 10:56

Como si se tratase de una novela de Isabela Allende, Quiero morir en tus brazos (2012) aborda una historia de redención a partir de la reconstrucción de época (relacionada con episodios claves de la historia argentina: caída de Perón en los cincuenta, la dictadura de los setenta, la década del noventa) para hacer hincapié en sentimientos de amor, dolor y pasión.

Quiero morir en tus brazos

(2012)

A Eduardo (Roberto Vallejos) le diagnostican una enfermedad terminal y vuelve a su pueblo natal (la película está filmada en Esquel) donde se reencuentra con su pasado: amigos, novia de la infancia y sus propios recuerdos. Así mismo deberá desentrañar un misterio relacionado con la muerte de su padre en la última dictadura militar.

El director Víctor Jorge Ruiz (Flores amarillas en la ventana, La última mirada) despliega una historia que apunta a lo emotivo: paisajes de montaña (lo mejor de la película), relaciones de amistad, recuerdos familiares, un amor juvenil inconcluso (con el personaje de Melina Petriella), etc. Todo edulcorado con una música de piano para enfatizar las sensaciones.

La película tiene la forma de una novela sentimental, al hacer foco únicamente en lo narrativo con el fin de trasmitir emociones fuertes. Pero pierde fuerza al querer desarrollar demasiadas situaciones juntas: la enfermedad de Eduardo, su pasado de estafador, el misterio relacionado a su padre, su relación con su hermana, con su madre, con su amigo, y con su novia de la infancia. Esto obliga al film a caer en una sucesión de diálogos (algunos interminables) que le imprimen una densidad a la trama innecesaria.

Diálogos filmados sin ocurrencia visual, exponiendo simplemente a dos personajes recitando los textos uno frente a otro. La imagen es plana –sin profundidad de campo- y, a su vez, la inmovilidad de los actores (los personajes no están “en situación”, es decir, desarrollando alguna acción mientras dialogan), le quita fluidez narrativa a una película que solo avanza por el contenido del texto.

Por tales motivos, la prioridad narrativa funciona a medias en Quiero morir en tus brazos, siendo un relato fallido que podría haber alcanzado un mejor resultado final. Cabe destacar la actuación -sobre todo de los protagonistas- correcta y tratando de darle siempre naturalidad a los diálogos, para trasmitir las sensaciones tan buscadas.

4.0

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