Benjamín Harguindey
29/08/2013 14:10

En Séptimo (2013), Ricardo Darín pierde a los niños. ¿Dónde están? ¿Los encuentra al final? Si estas preguntas le resultan inquietantes, esta es la película para usted. Si no es el caso, mire cualquier thriller contrarreloj que hayan pasado mil veces por televisión para experimentar la totalidad de los efectos de Séptimo: celulares con poca batería, autos que no arrancan y la duda de quién es el culpable, si el más sospechoso, el menos sospechoso, o el que va y viene.

Séptimo

(2013)

Acompañamos a Sebastián (Darín) en una típica mañana de trabajo, acorralado por malas vibraciones por todos lados. Es un abogado a cargo de un caso de malversación de fondos. Su jefe le llama constantemente, presionándole. Su hermana está recibiendo amenazas de un ex violento. Su mujer (Belén Rueda) está esperando los papeles del divorcio. Sus vecinos no se llevan bien con él. Y en eso pierde a sus hijos: desaparecen entre el séptimo piso y la planta baja del edificio, por donde el encargado dice no haberlos visto pasar.

Nuestro héroe ha de sospechar de todo y de todos en algún punto de la película, y la inocencia de todo y de todos siempre ha de probarse inmediatamente después, como el género manda, para poder saltar rápido a la siguiente “conclusión obvia”. Sobran las pistas falsas y las puntas de trama abandonadas.La historia requiere que el personaje esté apurado y que la audiencia se pierda en ese apuro, sin darle un minuto de raciocinio a las incoherencias o cuestiones que nuestro héroe prefiere ignorar.

Es fundamental, por ejemplo, definir la geometría de un espacio tan cerrado como el de un thriller de interiores. Así se limitan las calculaciones del espectador, y vuelve la resolución del enigma una cuestión más excitante, porque le da todas las herramientas para resolverlo y sin embargo la respuesta le elude. Pero en Séptimo nunca tenemos una idea clara de nada. ¿Cuán grande es el edificio? ¿Cuántos departamentos hay por piso? ¿Cuánta gente vive en ellos? ¿Cuáles son investigados? ¿Cuáles no? ¿En qué orden? Toda esta vaguedad le permite al guión inventar nuevos vecinos y nuevos departamentos cuando le conviene. Y eso ya es trampa.

En algún punto rendimos el pensamiento inteligente y nos abocamos de lleno (o no) a la propuesta de Séptimo. No es que no sea un thriller entretenido (vehiculizado sin duda por la presencia de Darín), pero como thriller se juega por el esquema del “misterio del cuarto cerrado” y éste no está bien construido, ya que los espacios están pésimamente ilustrados y nunca comprobamos en primera instancia que el proverbial cuarto estaba, en efecto, cerrado. El resultado es una película bien dirigida, con buen ritmo y bien montada, pero con agujeros demasiado grandes y demasiado frecuentes en su planteo.

6.0

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