Santiago Berisso
04/08/2013 16:36

Es lamentable que el dolor y el valor tengan que ir tan de la mano a la hora de remitirse a ciertas circunstancias de la historia de la humanidad. A film unfinished (2010), es el documental dirigido por la realizadora israelí Yael Hersonski, que nos lleva a la Segunda Guerra Mundial, específicamente al gueto dela capital polaca, Varsovia, allá por 1942, para introducirnos en las más oscuras ideas del horror nazi, que al día de hoy significan el inédito y valioso registro para el estudio histórico del nazismo y su accionar.

A film unfinished

(2010)

Testimonios de distintas personas que vivieron en primera persona el horror impartido por el Nacional Socialismo, reconstruyen la historia de un inconcluso film propagandístico que retrata la experiencia del medio millón de judíos que intentaba sobrevivir, día a día, en la más indignas condiciones de vida. Años después de finalizada la guerra, fue encontrada una cinta titulada “Ghetto”, en un archivo alemán, en la cual se capturaron contrastantes imágenes que muestran el sufrimiento de las personas golpeadas por el hambre, y por otra parte la ficción – o mejor dicho y con todas las letras- la mentira creada por el equipo propagandístico a partir de situaciones que mostraban a los habitantes del gueto bien vestidos, alimentándose como cualquier alemán y dialogando como si nada ocurriera.

“Nunca supe el propósito de las películas que filmamos. No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar”, sostiene Willy Wist, quien fue uno de los camarógrafos que registró la experiencia del gueto polaco, que antecediera al exterminio en los campos de concentración. Testimonios como el de Wist y el de los sobrevivientes que vivieron en dicho gueto durante 1942 permiten hilvanar el puñado de imágenes sin editar de la cinta y darle así una personificación a la historia que nos recuerda el documental, y que nos dé la posibilidad de, aunque sea, intentar imaginar lo vivido.

La propaganda fue el propósito que dio origen a la realización de un film que buscaba persuadir de que quienes habitaban el gueto, vivían en forma digna y alejados de todo tipo de mal. Quienes en ese entonces fueron apenas inocentes niños, hoy están viendo frente a una pantalla la película que ellos mismos vivieron en carne propia. Escucharlos a ellos es lo que le da razón de ser al documental. Los fotogramas de la antigua cinta ahora tienen una voz que nos lleva a la individualidad de cada una de las historias y ellas son la principal herramienta para esquivar el morbo, aunque a veces les resulte muy difícil hacerlo.

“Hoy en día no puedo ver esto. Ya no soy inmune, puedo llorar. Soy tan feliz de poder llorar, ahora que soy humano”, le escuchamos decir a una de las personas que recuerda su experiencia durante la guerra. Si nosotros bajamos la mirada por un instante, qué le queda a ella. Cuando concientizar acerca de una nefasta etapa en la historia de la humanidad es lo que motiva a Yael Hersonski, A film unfinished tiene un enorme valor. Sin embargo, no siempre lo logra, debido a que a veces pareciera que muestra una realidad sin más justificación que la de golpear al espectador bien abajo.

6.0

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