Ximena Brennan
05/06/2013 14:43

Cuchillos y navajas en exceso, chorros de sangre, muchos ninjas y un despilfarro de violencia. Esto es El hombre con los puños de hierro (The man with the iron fists, 2012), una epifanía recomendable para los aficionados al estilo "tarantinesco".

El hombre con los puños de hierro

(2012)

En off se escucha la voz de Blacksmith (RZA, debutante como actor principal y director) contando su historia. Es un herrero independiente en la China del siglo XIX que trabaja para cualquier bando dentro de Pueblo Selva. Su objetivo es ahorrar una buena cantidad de dinero para escapar con su amada hacia un lugar mejor. Y cuanta razón tiene. Pueblo Selva es la contienda sangrienta entre el clan que traicionó a León de Oro y aquellos encargados de cuidar y transportar el dinero del emperador hacia un sitio seguro, misión complicada cuando hay demasiados interesados merodeando.

El lenguaje y estética de Quentin Tarantino, que aquí es nada más ni nada menos que el productor ejecutivo, ya se volvieron un clásico: violencia extrema, una banda sonora impecable y perfecta para cada toma, colores saturados y, en este caso, claras reminiscencias a sus adoradas Kill Bill: Vol. 1 (2003) y Kill Bill: Vol. 2 (2004), evidenciadas en las excelentes secuencias de Kung-Fu. Esto parece haber empapado a RZA para éste, quizá su proyecto más ambicioso.

Por su parte, además asoma Eli Roth, a quien se vio compartiendo la producción de uno de los últimos fracasos del terror, El último exorcismo Parte II (The Last Exorcism Part II, 2013). Ahora también se acopla como productor de este proyecto de acción como fiel colaborador de Tarantino.

El hombre con los puños de hierro traerá al espectador la nostalgia de aquellas películas de artes marciales (confesa influencia de Tarantino) y se regocijará con un sólido y atractivo argumento con momentos celebres de la mano de Russell Crowe. Se destaca también Lucy Liu aunque no se despega demasiado de su papel en Kill Bill: Vol. 1.

Uno de esos films que cualquiera disfruta por el mero hecho de ser una mezcla de muchos, con una impronta estética y una marca personal que siempre se recuerdan con entusiasmo.

8.0

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