Ezequiel Obregón
08/05/2013 14:19

En otro país (In another country, 2012) tiene a Isabelle Huppert como protagonista excluyente, en el rol de tres personajes que la ubican siempre como la mujer deseada. La cinefilia, agradecida.

En otro país

(2012)

El cine de Hong Sang-soo puede ser lúdico, naif, en apariencias liviano. Pero jamás es “canchero” ni superficial. Sus dos últimas comedias anteriores a En otro país -Hahaha y Oki´s movie, ambas del 2010- confirmaban que en su transparencia, en la sencillez de la puesta en escena, el realizador sabe poner al espectador del lado de sus personajes. Que no tiene por qué ser un mérito, pero que dentro de su cine es un modo de no ubicarse por encima de ellos, de transmitir compasión y alegría de un momento a otro. Como ocurre en la vida. Pero en el cine.

Hong es uno de los autores “selectos” cuyas películas se pasean por festivales de todo el mundo (incluso los más importantes, como Cannes) y a veces –sólo a veces- llegan a la cartelera comercial. Es el caso de En otro país, recientemente proyectada en el BAFICI. Aquí, una joven imagina a una mujer llamada Anne, quien llega a la costa de Corea del Sur para tomarse unas pequeñas vacaciones. Pero, como anticipamos, en verdad hay tres versiones de ella con sendas historias.

Los que no varían son los personajes secundarios. Esta particularidad no tiene nada que ver con esos juegos de guión que suele proponer Hollywood. Por el contrario, es un mecanismo (antojadizo, puede ser) que sirve para abordar las capas constitutivas de la ficción y generar una reflexión a partir de ellas. Mediante el devenir de cada una de esas versiones vemos a los personajes actuar en base a distintos conflictos y, en consecuencia, llegamos a conocerlos mejor.

La primera Anne es una realizadora de cine, la segunda es una mujer abandonada recientemente por su marido, y la última Anne espera la llegada de su amante coreano. Las tres movilizan la cotidianidad de este espacio y provocan cimbronazos en un matrimonio vecino. Un poco a la forma de los cuentos morales del gran Eric Rohmer, la película muestra al pasatiempo como una temporalidad burguesa en donde afloran las tensiones.

Es innegable que el encanto de la película está vinculado a la idea de que “dos potencias se saludan”. Para quienes el tándem Hong-Huppert no genere una particular expectativa, queda un relato simpático, de una comicidad discreta y bien dosificada. Una película que hace de la extranjería una posibilidad para indagar en tópicos universales como la posibilidad de tener una aventura o, simplemente, sentirse deseado.

8.0

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