Benjamín Harguindey
17/04/2013 15:02

Podemos imaginar cómo nacen las historias de este tipo de películas: con un “¿Qué pasaría si…?”. ¿Qué pasaría si un micro lleno de personas no puede bajar la velocidad porque si no explota? ¿Qué pasaría si el pasajero de un taxista hiciera paradas en la noche, matando gente? Bueno, en Bomba (2013): ¿qué pasaría si pararas un taxi en la 9 de Julio y resultara ser un coche bomba?

Bomba

(2013)

Walter (Alan Daicz) es un pibe de 19 años de Santa Fe. Es invitado a la Feria del Libro porque, magia, le han publicado su cómic. ¿Cómo pasó esto?, le pregunta la madre atónita. “No sé, gané un concurso,” responde el hijo. Qué lindo cuando una editorial publica tu obra a color, en papel ilustración, con tapa dura y te avisa el día anterior a la presentación. Estamos a un zapatito de cristal de un cuento de hadas. En fin, Walter nunca ha estado en Buenos Aires, y llega sólo y apurado a la ciudad.

Walter (Jorge Marrale) es un taxista de 59 años en Capital Federal. El joven Walter tiene la mala leche de subirse al auto del viejo Walter, que es un coche bomba. Obviamente el conductor no puede dejarle bajar una vez que el pibe ha visto el cableado bajo el asiento, así que maneja en círculos por la ciudad, llevando a su pasajero de rehén. ¿Qué o quién es el objetivo del taxista? Podría ser cualquier cosa. Podría volar en cualquier momento.

Los Walters discuten intensamente. El joven quiere saber por qué está haciendo esto. El viejo le pregunta burlón si lo que le importa es salvarse o detenerle. Pasado el shock inicial, los dos comienzan a hablar más tranquilamente, convidándose mutuamente los turbios secretos del pasado de cada uno. “Tiene suerte que le tocó alguien con un carácter tan frío como el mío,” reflexiona el joven Walter. Eso o padece un agudo Síndrome de Estocolmo.

La película transcurre casi enteramente dentro del coche bomba, con excursos hacia el pasado de sus ocupantes, flashbacks que se van volviendo más frecuentes y van rompiendo la tensión inicial del thriller. La premisa se conecta a un miedo muy actual y muy primordial, pero el guión la desaprovecha con inverosimilitudes, hibridando en una mezcla de situación extrema y estudio de personaje sin llevar ninguna de las dos fuerzas a su máxima expresión.

4.0

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