Lucia Roitbarg
17/04/2013 07:18

El nuevo film de Santiago Loza encuentra un equilibrio natural y elocuente entre el tema abordado y su desarrollo estético. Más allá de su integración en una totalidad, cada plano que elige el director para contar su historia parece contener en sí mismo el grano de todo el film. Un cine que a pesar de no producir gran innovación temática, genera interés en el mensaje y en su personal estilo.

La Paz

(2013)

Liso (Lisandro Rodríguez) es un joven treintañero que sale de un instituto psiquiátrico. Sus padres lo reciben en su casa y con ellos pasará los días siguientes. Su madre lo trata como un niño pero no parece encontrar una forma sincera de conectar con él. Su padre, negando el problema de su hijo, lo entrena en el uso de armas y le ofrece dinero para acostarse con prostitutas. La comunicación más auténtica que consigue Liso es con su abuela, con quien casi no habla, y con la mucama, Sonia, una señora boliviana que trabaja hace años allí. Con el deseo apagado, atado al consumo de remedios y sin rumbo alguno que lo conduzca, Liso intentará seguir viviendo aunque cada segundo le signifique una odisea.

Contar este film no sea seguramente la forma de hacerle justicia, sino al contrario, es una manera de limitarlo. Lo que sí se puede contar es que Loza encuentra gran parte de la expresividad del film en el rostro de su protagonista: sus ojos, su mirada, su palidez, sus marcas, parecen estar contando la historia de Liso sin requerir superfluas explicaciones.  Pero también lo hace con los rostros de los otros personajes cercanos a él. Este recurso va armando un film que dice mucho con poco.

Liso no tiene resentimientos, no busca culpables ni parece ofendido con el mundo, simplemente es el estado de un ser perdido, inadaptado, incómodo y triste. Los personajes de los padres están presentados como roles, en el sentido que representan cierta idea del mundo de determinadas clases. Esta decisión es muy acertada pues, al armar estos arquetipos, Loza deja al descubierto un abismo insondable entre Liso y lo que lo rodea. Esto también resulta muy efectivo al momento de presentar el personaje de Sonia, alguien que aún teniendo muy poco parece estar verdaderamente conectada con un mundo espiritual mucho más auténtico y cercano a Liso.

El tipo de personaje que elige el realizador para su film consigue producir esos efectos de temblor, de rajadura: Liso es el elemento raro, extraño, con bastante oscuridad, pero es la clase de personaje que descubre la superficialidad, la ausencia espiritual de la sociedad. Claramente no se puede vivir en el sinsentido absoluto pero la respuesta a esta gran angustia existencial cada vez parece más y más alejada. Aunque quizás no sea este el mensaje primero de Loza es otra de las posibilidades interpretativas a las que convoca este interesante film.

9.0

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