Ezequiel Obregón
15/04/2013 13:50

La nueva película de la realizadora de Pompeya (2010) cuenta una historia de sexo y violencia. La protagonista es una femme fatale sedienta de hombres a los que seduce y asesina. Mujer Lobo (2013) transita una zona poco frecuentada en el cine nacional, y lo hace con efectividad e imágenes de alto impacto.

Mujer Lobo

(2013)

En una de las ciudades del mundo en donde la violencia de género está siendo cada vez más analizada, en donde los avisos pegados en los teléfonos públicos que ofrecen sexo rápido y pago son cada vez más visibles, y en donde la trata de blancas se asienta cada vez más; en esa ciudad transcurre Mujer Lobo. Se dirá que la propuesta de Tamae Garateguy se nutre de la misma violencia que expone, pero como reverso de su universo clase B se esconden esas múltiples violencias que tienen como eje al poder machista y heteronormativo.

Lo cierto es que, más allá del condimento social, esta película se inscribe dentro de una tradición esencialmente americana, aquella a la que Quentin Tarantino revivió en más de una ocasión. Garateguy le da un toque porteño al ubicar como epicentro de la historia a la línea B del subte. Ya en Pompeya construyó otro ejercicio de género (cinematográfico) en una zona a la que la literatura argentina supo atender, pero no así nuestra cinematografía.

Mujer Lobo nos presenta a una asesina en serie, criatura que desborda cualquier clasificación y es encarnada por tres notables actrices (Mónica Lairana, Guadalupe Docampo y Lujan Ariza). En un blanco y negro que remite a la página de los policiales de diarios de antaño, la mujer fija su mirada en la presa, seduce con su cuerpo, y una vez en su nicho ataca. Cada rostro está matizado por una personalidad: mientras que la mujer-lobo de Lairana, por ejemplo, es la más decidida y bestial, en la versión de Docampo percibimos esa fragilidad que la criatura esconde. Para cada una de ellas, la historia se complica cuando un policía comienza a seguir los rastros de la enigmática mujer, casi como si se tratara de un juego entre gato y ratón. La realizadora filma las persecuciones en una Buenos Aires degradada y mayormente nocturna. Las escenas, a tono con la premisa, no ahorran sangre y sexo que, si bien no es explícito, está filmado en un registro crudo.

En suma, Mujer Lobo es una película no apta para espectadores impresionables, pero sí para los amantes de las emociones fuertes. Una apuesta por un universo urbano que aquí aparece deformado y magnificado. Pero que, como espacio simbólico y siniestro, revela esa violencia a la que nuestra mirada se ha habituado.

8.0

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