Emiliano Basile
11/03/2013 19:59

La película de Jacques Audiard, Metal y Hueso (De Rouille et d’Os, 2012) narra la relación de dos personajes opuestos que superan la tragedia apoyándose –literalmente- el uno en el otro. Marion Cotillard y Matthias Schoenaerts son la pareja en cuestión en este film que fue ovacionado en la última edición del festival de Cannes.

Metal y Hueso

(2012)

Ali (Matthias Schoenaerts) deambula con su hijo por las calles sin un centavo en el bolsillo ni nada para comer. El tipo es pura intuición, tosco, de pocas palabras y con un impulso violento que lo relaciona con su lado salvaje. Llega a la casa de su hermana y encuentra trabajo como guardia de seguridad. Una noche conoce a Stéphanie (Marion Cotillard), una domadora de ballenas de una especie de “Mundo Marino”, que disfruta dominando el instinto animal y, tras un accidente pierde sus piernas. Ambos personajes se encuentran en la desgracia y forjarán una particular relación.

Si pensamos en la historia que se nos cuenta bien podría tratarse de un melodrama. Pero Audiard evita el registro televisivo con su especial estilo de filmación: narración fragmentada y planos cerrados, buscando captar aquello del orden de lo sensorial que la película trasmite, sin nunca verbalizar un sentimiento. En ese punto, las miradas de Cotillard son fundamentales para comprender en un gesto la frustración de la invalidez.

De ese modo, Metal y Hueso crece y se desprende de las convencionales historias acerca de la esperanza. Trabajando la relación entre los personajes principales desde el contraste (uno es bestial puro impulso violento, el otro cerebral acrecentado por su incapacidad física) para encontrar el punto de compatibilidad entre ambos. Se necesitan mutuamente porque funcionan como las dos caras de una misma moneda.

Por lapsos, el regodeo estético envuelve algunas escenas, como por ejemplo el registro visceral de las peleas callejeras en las que participa el protagonista, mientras que otras, construyen a nivel compositivo imágenes atractivas que sintetizan conceptos del film (Stéphanie tocando el vidrio del acuario recuperando nuevamente el control sobre la orca). El paralelo entre bestia / domador se traslada continuamente a la relación de pareja.

Metal y Hueso obtiene mediante su apuesta formal su plus narrativo: aquel que cada espectador deberá completar en su cabeza para terminar de cerrar el relato de una historia ya contada multiplicidad de veces.

8.0

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